1. La inminencia se presiente, no se percibe; el presentimiento es más inconsistente que la percepción y ésta tampoco garantiza cosas demasiado firmes. Dedicado a los hipocondríacos que hacen de la inminencia una constante.
2. Hacer testamento da una apariencia de completud a lo vivido hasta ese momento.
3. El sofá que tras muchos años se muestra intacto representa haber llevado una forma de vida incómoda y de una moral pública impecable.
4. Saber el día y la hora obliga a una puntualidad insoportablemente austera. El engaño de la esperanza es el paliativo para sobrellevar una certeza así.
5. Algunos ven una misma película infinidad de veces, pese a conocer el desenlace y no se toma por absurda tal cosa. De igual modo, no es absurdo vivir o sobrevivir, aunque se conozca ese desenlace en el que el protagonista muere.
6. La jubilación es el punto de fuga de los inmotivados y anodinos actos cotidianos.
7. El ocaso es el final de autovía que da entrada al casco urbano de la dependencia.
8. Hoy ser erudito no cuesta nada; de ahí la mediocridad de la erudición actual.
9. ¿Quién quiso oír mi voz? Dicen que un sordo que gustaba de ver mover los labios.
10. Te sientes llamado cuando te hacen sentir que eres el último.
11. No se puede culpar de todo, pero sí responsabilizar de todo; de cada parte del todo alguien conoce la respuesta a la pregunta que plantea.
12. Hay pensamientos de fin de fiesta y de aventura acabada que lucen como epitafios.
13. Apagarse, consciente de ello, es antinatural. También la conciencia se apaga con el cuerpo que se consume.
14. Si el ser humano me hastía, soy yo el que se ha redimido de esa condición.
15. El domingo, sin señor, no hay borrego que lo resista; pero hay más lobos cada ocaso que pasa y el lobo sabe celebrar ese día.
16. Hay un género que se enorgullece de mostrar los días como si fueran piedras preciosas y duraderas. Los roedores no actúan así y sobreviven.
17. Cuando veo caer la noche, lo que realmente cae es el día.
18. Sin la suficiente ventilación que permita el paso de un oído a otro, no conviene escuchar ni saber hacer tal cosa. La acústica de nuestra sociedad favorece la indiferencia.
19. Los protocolos, los algoritmos, lo acostumbrado -y por ello moral- han permitido esa comodidad de muertos en vida que agrisa a los que nos rodean.
20. Celebrar es un acto envenenado de interés con fecha de caducidad.
21. Los zapatos en el suelo del salón desordenan el viejo principio del orden.
22. Mi madre se apagó al nacer mi padre.
23. Una pared blanca, una mente oscura, distancia y una taza de agua fría: ese es el cuadro de una vida perdida.
24. Las chanclas ya no pueden sostener al que como ceniza está junto a los restos de su madre; pero pueden pasear la imaginación del que desaloja la casa para embargarla.
25. En una pequeña bolsa de plástico, estrechamente abrazadas, muchas estampas de santos con oraciones al dorso son el único legado para el hijo del beato.
26. Sólo la mirada habla y dice sobre el manojito de huesos desahuciados lo que nada más puede expresar.
27. Funcionar es vivir, aunque ignore la función de su maquinaria. Para funcionar no hay que saber funcionar.
28. El incienso produce alergia en el oficiante; es un alérgeno que, para los presentes, transporta el espíritu del ausente.
29. Enterrar a los muertos es obra de misericordia. La obra de la justicia ofrece los restos para esa misericordia.
30. “Ha fallecido”, pretérito perfecto.
31. Los que ven el mar no quieren retornar si están vivos en vida.
32. Es lo que queda de cincuenta y seis años de vida: un perro, su amigo y el ángel de la guarda que les une.
33. Las cuestiones prácticas son problemas que, como la basura, se acumulan y dan aroma y relleno a un patio moribundo.
34. Maldecir es inútil y el diablo es un ángel que rueda sobre las pautas del papel mojando todo.
35. Los que eran ya no son como eran, han ido llevando al acto el veneno que eran en potencia.
36. Mientras pensaba un aforismo mi padre ha fallecido. Setenta y dos horas después las palabras se han perdido en un laberinto de incertidumbres, miedos, impotencia y penas. La muerte próxima extravía, altera y confunde. Es otro tiempo, corto, que se puede vivir con otra hondura. Ahora, sin embargo, busco sin saber.
37. El perro mira con ojos suplicantes de niño para que no se cumpla su imaginario temor de poder ser abandonado. ¿A quién suplica el abandono de quien se abandona a sí mismo?
38. Muchas palabras formales hacen de piedra el tímpano, insonorizan y llevan a esa despersonalización tan horrible de sentir.
39. La profesión de ayudar es de amplio espectro y poco eficaz para el hueco vacío de este tiempo.
40. Ninguna alegría se desnuda por completo para evitar la metamorfosis del aburrimiento.

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