El día, la tarde y la noche. Y así los días que sea menester. A cada cual su afán; y a cada mirada su Eclesiastés.
Sin embargo, necesito quien me enseñe a recitar el Cantar de los Cantares.
Y ahora a dormir, que es tarde. Incluso los predicadores mediocres necesitamos dormir, para que nuestra frustración recobre fuerzas.

1 comentarios:
"Ven, oh amado mío, salgamos al campo,
Moremos en las aldeas.
Levantémonos de mañana a las viñas;
Veamos si brotan las vides, si están en cierne,
Si han florecido los granados;
Allí te daré mis amores.
Las mandrágoras han dado olor,
Y a nuestras puertas hay toda suerte de dulces frutas,
Nuevas y añejas, que para ti, oh amado mío, he guardado."
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio