¡Todo un asco!
¡Lo que es capaz de hacer el ser humano por un polvo!... ¡Qué jerigonzas con el lenguaje y con los cuerpos!... ¡Cuánta energía empleada en un burdo intercambio de descargas!... Basta ver cómo se cruzan un par de papiones para desternillarse; pero, si encima le añades a esa escena que los participantes usan el lenguaje de los "tequieromuakimuakitamoguapo"... ¡Eso de hilarante se convierte en patético! Los papiones al menos joden para procrearse y punto... No comentan la jugada... No se solazan en la jodienda y la adornan con flores recordando los momentos de un modo nostálgico... O con la esperanza de rejoder y rejoder pensando que algún día los angelitos se tremparán por amor al arte puro del amor desinteresado... Se puede rastrear la comedia humana por el rastro de babas, flujos y mucosidades dejados en el empeño de meter la pata y no otra cosa. El mono no debió dejar de ser mono. Al menos los gruñidos hacían del folleteo algo brutal y salvaje y no un folletín que da grima.

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