Círculos de vida
La alegría, el miedo, la tristeza, la rabia y el amor: cinco emociones que equilibrar y ponderar. Eso dicen los profetas del equilibrio.
A mí me basta sobrevivir y saber ignorar lo que impide sobrevivir dignamente ("¿qué es la dignidad?", preguntó Pilatos en el siglo XXI). La cuestión es no cuestionar (esto creo que ya lo he dicho e incluso lo he repetido). La cuestión es no dar vueltas, pero es imposible dejar de dar vueltas; aunque es posible que en cada vuelta se aprenda algo nuevo. Se aprende a amar, amando; se aprende a comprender, comprendiendo; se aprende a acariciar, acariciando; se aprende a respetar respetando -y así sucesivamente hasta olvidar decir "¡basta!"-. Así es el camino circular hacia el centro y vamos abandonando círculos hacia el interior; como si hubiésemos caído como una piedra en un lago de vida al nacer y hubiésemos proyectado círculos y círculos que vamos desandando con dolor y con conciencia hasta volver al centro de aquel chapuzón.
Hay una estela de vida que nos vive y una estela de vida que vivimos recordando. La vida nos riega con imágenes y los círculos se iluminan u oscurecen.
Es fácil crear citas, levantar castillos con palabras, hacer de sol; es fácil ser ángel y tener fe en un mensaje. Lo difícil es saber "demasiado" y aparentar felicidad e ignorancia. Hay un cuerpo deteriorado y miedos pululando ("El que se pone enfermo es porque quiere", escucho en lontananza), hay cosas que brillan y que no brillan, hay destellos. Hay círculos de vida que no hacen el vivir redondo, pero rodamos, mal que nos pese. Rodamos hacia el centro de aquel chapuzón, que es el morir.

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