Te despiertas una mañana de finales de otoño y te das cuenta de que ha cambiado el tono de las cosas. Y no sólo el tono, más gris y violeta, sino muchas cosas más. El mar deshace los antipiréticos efervescentes en sus aguas, mientras las cuarentonas se abren de patas por un par de palabras bien acentuadas. El viento es insolente, da por culo a las persianas y las resquebraja. ¿Es tu culo una persiana? ¡Ay, el mal gusto, el mal gusto! ¡Ay, el tener que recurrir al "taco" y a lo explícito para impactar! Eso demuestra que cada vez hay menos recursos o menos ganas. Con una pastilla podría ser suficiente. Basta una pastilla y ya puedes dejar pasar el aire recriminatorio de los que sólo saben ser egoístas y criticar. "Entonces, ¿me has mentido?" No, amor, me estaba y me estoy muriendo, no te he mentido. Jamás te mentiría, a ti, sabiendo lo que te importo. Sé lo imprescindible que soy en tu vida, como para permitirme ni siquiera imaginar que algo pudiera distanciarnos (menos los cumpleaños, esos siempre nos distanciarán, los doscientos y pico cumpleaños al año que hay que celebrar -pero nos queda el resto para hablar del futuro que nunca sucederá o para recordar el pasado que nunca tuvo lugar entre nosotros-). Esto no es una celda, sino una selva: todo está permitido. Y esto, no olvidarlo, es la auténtica realidad. Lo demás es viento estacional o pedo de sobremesa: aire. "Invisible, el aire (fresco como el aliento de un melón al abrirse)..." nos da un baño de cerveza y bravas en la terraza de la esquina, esa esquina para mujeres "alegres" tremendamente egoístas y tristes. ¿Quién no pondría una puta en su vida si se supiera inmune a los virus de la biología y de la moral? (Y al escribir "puta" no excluyo "puto": somos iguales ante los tiranos... Y nuestro presidente es un hombre honrado). Dejémoslo aquí y finjamos tranquilidad. Los niños la necesitan.
La Selva de Próspero
Sapere aude!

0 comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio