Donde habito no hay cortinas; sólo hay velos donde habita la vida. Donde yo habito todas las noches hablo con la muerte. La muerte no es una personificación ni un alter ego -tampoco la voz de la conciencia-. Aquí no hay velos.
Cuando hoy conducía, la muerte iba dentro de mí; te escribo y la muerte va dentro de mí. Cuando veas que ya no escribo, será que no existo.
¡Cuántas veces os lo dije! Se muere poco. Te lo dije, os lo dije... incluso me lo dije a mí mismo muchas veces. Se... muere... poco. No hay las suficientes muertes en el mundo como para que brote la vida; la muerte es oxígeno y espacio. Creo que especialmente en nuestra cultura se teme demasiado a la muerte. Por ejemplo, no concebimos algo así como despedir a los hijos cuando van al colegio diciéndoles: "Hijo, si no nos volvemos a ver, es porque tú o yo o los dos podemos haber muerto". Cuando acompañamos a alguien a cualquier sitio y hay que separarse mucho o poco tiempo de él, no hablamos de morir, de desaparecer. Eso no creo que propicie la vida.
Cuando me despido de la panadera siempre le digo: "Si mañana no vengo, habré muerto o estaré agonizando y preparado para morir. Así que hasta mañana."
Cuando el médico me dice que hay un alto riesgo de que muera "pronto", nota que no me extraño y eso le extraña. No sé cómo no he muerto el otro día, o ayer... ¡este mismo fin de semana! Hablo de que el cuerpo deje de funcionar y ya está. El modo da igual.
Para mí la muerte es como un bonsai que hay que cultivar cada día; hay que cuidarla, mimarla, tenerla cerca y morir.
Cultiva la muerte, practícala, "vívela". No se puede decir que en la vida se vaya "como muerto" (la muerte como tal no se experimenta). Pero, no sé por qué, yo la nombro, la toco, ejerzo la ficción de que estoy muerto hasta casi rozar la realidad de la muerte. ¡Mira! Venciendo las supersticiones, puede que me muera ahora mismo. El infarto, el ictus irrevocable, la "gran" parada: están aquí, los toco, los pulso, me ahogo de tan cerca que están. ¿Tú no? ¿Y cómo puedo convencerte? Aunque tampoco pretendo convencer de nada, aunque parezca que intento convencer de algo.
Me han ido matando, me he ido muriendo... ¡gerundios y gerundios! Las arterias explotan, con o sin aviso; los pulmones revientan, la sangre deja de circular, a veces un hormigueo es la precuela. ¡Qué pasada! ¡Estás en trance de muerte! Eso es único... ¿Te percatas de que es único?
Dejo de escribir: estoy teniendo un orgasmo mortal.

1 comentarios:
¿Qué ves cuándo estás tan cerca de la muerte? ¿Ves la nada absoluta, o te asomas a un mundo nuevo? Cuando paseo por lugares como el Museo del Prado y veo a los turistas pululando con sus pesadas guías y sus audífonos, veo a Velázquez reírse de los muertos, más vivo en sus pinturas que todos los turistas que creen verlo, y no sé lo que es seguir vivo o estar muerto. Cuando veo a tanta gente inmortalizándose en selfies multitudinarios que después subirán a facebook, veo la foto como si fuera una de aquellas de la película de "Los Otros", cuando aparecía el álbum de los muertos. Porque algún día todos serán vegetales, y entonces ¿por qué sonríen así? La pregunta que me hago es, ¿es esta vida el tránsito hacia otra? ¿o simplemente la muerte es un THE END inapelable? Siempre creí a pies juntillas en la segunda opción. En los últimos años misteriosamente me he pasado al otro bando. Lo que es seguro es que, como leí hace poco, "hay vida antes de la muerte", así que aprovechémosla, y si no tenemos cómo, bailemos. Un saludo, Próspero, como siempre genial tu blog.
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