12.7.15

Segundo Acto: "Sin pinza". +18 años.

[Permanece el mismo fondo de escenario. Sobre las tablas una mesa con forma de serpiente que se muerde la cola. Un círculo de velas verdes encendidas rodea a los protagonistas].

E. D.: ¿Es usted santo?

H:: Que yo sepa no. Aunque algunos me besan los pies, pero son fetichistas, no beatos.

E. D.: Hay cierta beatitud en el fetichismo.

H.: Y cierto fetichismo en la beatitud.

E. D.: [Con mirada inquisitiva] ¡Cierto, cierto!

H.: ¿Le muestro más ejemplos de qué significa que a alguien se le vaya la pinza?

E. D.: ¡Oh, sí, sí, sí, sí! Por favor, si es usted tan amable, Don Miguel.

H.: No me molesta. Verá. Cuando a alguien se le va la pinza construye unos edificios de piedra o de plástico a los que da el nombre de "iglesias". En esos edificios se cocinan pastas que contienen a Dios.

E. D.: Un caso grave.

H.: ¡Y muy habitual!

E. D.: ¡Qué obscenidad!

H.: Hay casos más flagrantes.

E. D.: ¡Cuente, cuente!

H.: Hay gente que come con su perro sentado a la mesa y todos los comensales comparten (¡deben compartir!) el mismo bocado, siendo finalmente el perro el que ingiere el bocado que ha pasado por las fauces de los demás.

E. D.: ¡Brutal ida de pinza!

H.: ¡Y más común de lo que parece! He visto morir a perros por verse obligados a admitir la comida de todos los comensales, a pesar de haber sido masticada suficientemente por todos los asistentes.

E. D.: ¡Brutal ida de pinza!... ¿Hay algún caso más que le haya asombrado especialmente?

H.: [Termina la cerveza] Dos casos. Dos en especial. ¡Muy fuertes!

E. D.: Le escucho con el infierno en un puño.

Telón.

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