La Selva de Próspero

Sapere aude!

22.5.08

Mi derrota
Para intérpretes divinos y contundentes de vacío
El diario de un menú no es un menú diario. Seguramente esto no lo entienden muchos. Y aquí... la locura.
¿Por qué no escribir? O, ¿por qué escribir para quienes pasan de escuchar? Aquí hay un vaticinio. Y aquí... la locura.
Llueven nubes en medio de la cabeza y me sobran y faltan palabras.
Una mujer y un delirio de muchos: ser uno.
Lo que se rompe no se reconstruye.
El vino en la copa y la muerte en la almohada.
El viento:
Ya me voy. No supongo, no creo, no espero. El corazón se va a romper y ya estaba roto.
Ellos prefieren el hogar... y hay un hogar distinto. Pero en este hogar no hay dios que bendiga cada rincón. Es otro juego más allá de otros. (¿Tú lo entiendes, conciencia?... Estoy hablando a los muertos).
No sé, no sé... no sé. Estoy a un lado, marginal y rodeado de todos. (Cuando no te importa lo que no te importa carece de nombre lo que no te importa).
¿Darías tu vida por un bolígrafo? ¿Y por una oficina? Dejemos la vida a un lado y hagamos lo que todos los días hacemos, es decir, dejar la vida a un lado y dejar la vida.
Algún día publicarás mi diario mientras te masturbas. Pero, como te dije al principio, el diario de un menú no es un menú diario.

12.5.08

Lo que vamos dejando... Lo que no queda

La caída y sentir que caes: abajo. Los hijos niegan el problema; pero es la falta de fuerzas del abuelo la que tiene la respuesta: vamos de cero a cero y el empate no es posible.
Por favor, viejo, piensa en este lugar. Déjate caer para que pueda caer en paz -los caídos no descansan-.
La reina de las hadas también regaba de sangre las plantas en sus días malos.
Gatitos y ocaso, silencio y calma. Creo que la única imagen de serenidad la vi hace unos meses en un pueblecito donde todos éramos iguales. La paz es eso: enterrar las diferencias y las semejanzas para ser tierra y barro... ¡Santo sea el barro!
¡Bien! El mercado sigue mercadeando, los niños juegan y algunos siguen viajando para encontrar pretextos bajo los que poder escribir. Yo soy mucho más sencillo: me bastó un abuelo y una lengua larga. Se acerca el martes con su 13 bajo el brazo y los supersticiosos le ofrecen caramelos a la muerte. Y tú, ¿dónde estás, atalaya? Yo aquí, sin un gua donde caer. ¡Caer! La caída... sentir que caes... ¡Abajo!

10.5.08

Que los cínicos se corran sobre tu tumba

Temblina y despedida, oscuridad, mucho miedo... Cuanto más hacia delante, más recuerdo de que no y que no y que no. Aquí se estrangula la vena de la vida, amoratando la faz sin verónica. ¿Los interlocutores? ¡Todos muertos! ¿Y sabéis? Se ríen de la locura, pegan alaridos porque los demás están locos pero "ellos" no. Y ellos no son más que un pronombre nombrado por quien los quiera nombrar; sólo algo sustituible. ¡Cuánto asco sabiendo que no se creen solos! ¡Ni una audiencia de diez millones te hace más fuerte que si tu interlocutor fuese un leproso! ¡Arriba los leprosos! Quiero un leproso en mi cama cada noche antes que alguien lloriqueando por un valor perdido. Quiero un enfermo de sida, un paria, un marginado... ¡No un marginable! Los marginables creen tener los bronquios limpios y la faringe ancha... ¡Pobres muertos! ¡Van sobrados! Quiero estrangulados y ahorcados, venas que cuelguen de la pared cada noche y que me arrullen con una purulenta asfixia. ¿Sabéis que ronco? He despertado durante más de sesenta noches a Satán con mis ronquidos. Me lo ha dicho él mientras acunaba a mis hijos perdidos y a mis talentos no nacidos. De mi madre no hablo... Incluso ese lenguaje, incluso ese Verbo por el que Juan el Magnífico se masturbaba, cae de bruces ante el prodigio de la madre. ¡La madre! Sonreíd y partíos en mil hasta que una gota de sangre no se pueda desmenuzar más. ¡Benditas sean todas las madres del mundo! Por mi parte hay algo por encima de todo padre y de toda madre, algo sutil y denso como un zafio comentario al borde de la página. Los padres procrean, extienden, perpetúan, alargan... La naturaleza es más sabia. Y tú, ¿qué ganas? Lo sé de sobra, ¡vaya si lo sé! Ganas un crédito de esperanza que cualquier griego de la Antigüedad hubiese desestimado como la mayor amenaza. Ganas una porción de Cristo Jesús a cambio de acostarte con Pascal cada día y hacer manitas bajo el confesionario. ¿Se salvan los ácratas, los anárquicos, los solidarios y los "por el bien de los demás"? ¿Salvarse? ¡Más estériles que un navío bajo el río!... Sólo creáis astilleros en el desierto y maquetas de humanidad mientras los gusanos se hinchan como anacondas. Pero... todo está bien.

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