La Selva de Próspero

Sapere aude!

25.10.09

Todo es un instante que suma instantes. No es posible una estructura ni un edificio para las sensaciones del foro. El gráfico de nuestras emociones dibuja los dientes de una sierra. A los dientes de esa sierra los "entendidos" les dan forma de círculo: Amor / Alegría / Miedo / Tristeza y Rabia. ¡Y se quedan tan panchos! Todo entendido, todo conceptualmente petrificado, los ríos convertidos así en líneas de piedra sobre un mapa. No importa esa canción que flota en la red, no importa esa uve invertida de dos piernas convergiendo en el horizonte de todos los deseos, no importa la cabalgata de bicicletas de un domingo por la mañana; no importa el "Portes Anichtes" devanado hasta el sueño, no importa la iracunda desesperación de sentirse todo y nada, no importa el beso que humedece un pie hasta convertirte en el rey de los fetichistas; no importa que la lengua sude palabras que seducen como serpientes, no importa que la semilla del hombre se pudra. Porque todo es un instante que suma instantes. Los payasos del circo sienten "Alegría", el salido entona su "Cunnilinguus Post Mortem", la colegiala emula a Malú y descarga "Gracias" del Emule... Mientras, el deuteragonista de este drama se consuela con el "Emmenez-moi" y con un par de frases bien escritas por algún mercenario de la sabiduría. La muerte sigue su periplo.

Todo es un instante que suma instantes. No es posible una estructura ni un edificio para las sensaciones del foro. El gráfico de nuestras emociones dibuja los dientes de una sierra. A los dientes de esa sierra los "entendidos" les dan forma de círculo: Amor / Alegría / Miedo / Tristeza y Rabia. ¡Y se quedan tan panchos! Todo entendido, todo conceptualmente petrificado, los ríos convertidos así en líneas de piedra sobre un mapa. No importa esa canción que flota en la red, no importa esa uve invertida de dos piernas convergiendo en el horizonte de todos los deseos, no importa la cabalgata de bicicletas de un domingo por la mañana; no importa el "Portes Anichtes" devanado hasta el sueño, no importa la iracunda desesperación de sentirse todo y nada, no importa el beso que humedece un pie hasta convertirte en el rey de los fetichistas; no importa que la lengua sude palabras que seducen como serpientes, no importa que la semilla del hombre se pudra. Porque todo es un instante que suma instantes. Los payasos del circo sienten "Alegría", el salido entona su "Cunnilinguus Post Mortem", la colegiala emula a Malú y descarga "Gracias" del Emule... Mientras, el deuteragonista de este drama se consuela con el "Emmenez-moi" y con un par de frases bien escritas por algún mercenario de la sabiduría. La muerte sigue su periplo.

20.10.09

Cuando menos lo pretendes más cerca estás. El demonio ha crecido y se ha hecho adulto. Ya no hay distancia. No me suicidaría ahora mismo por nada del mundo; por eso mismo en cualquier instante seré un volcán para mí mismo y me consumiré. Ya he dejado de ser metáfora. Me he vuelto obscenamente explícito, invulnerable a la voluntad, ¡puramente real!. Gota a gota se agota la poca sangre que queda en los costados. A cada flanco un olvido y un desprecio, a cada lado una indiferencia. Me he agotado, sí; en mí mismo y por mí mismo, yo solo. Mis dedos están hechos saliva. Me he perdido.

Cuando menos lo pretendes más cerca estás. El demonio ha crecido y se ha hecho adulto. Ya no hay distancia. No me suicidaría ahora mismo por nada del mundo; por eso mismo en cualquier instante seré un volcán para mí mismo y me consumiré. Ya he dejado de ser metáfora. Me he vuelto obscenamente explícito, invulnerable a la voluntad, ¡puramente real!. Gota a gota se agota la poca sangre que queda en los costados. A cada flanco un olvido y un desprecio, a cada lado una indiferencia. Me he agotado, sí; en mí mismo y por mí mismo, yo solo. Mis dedos están hechos saliva. Me he perdido.

17.10.09

He terminado la lectura de un libro. He leído palabras y más palabras, le he dado vueltas a lo mismo. El calor es obsceno y huele a orín. Las sirenas suenan, huele a tabaco, mi ánimo está "bajo", la angustia está abotargada. Somos química. Es la hora de las noticias: recuento de muertos y de victorias deportivas. Me siento extraño, arrebatado e influible. Soy mancha entre huecos de luz y de sombra.
Todos hablan: el "orden líquido contemporáneo", los constantes vaivenes o el vaivén constante, "el hecho de que nos estemos volviendo extremadamente frágiles y fácilmente insatisfechos", el "síndrome general de adaptación". Hablan y hablan en las retenciones, en los atascos, en las doce horas de Madrid a Cáceres. "¿Usted ha leído a Durrell?" "¡No! ¡No, señora! No lo he leído, sólo lo leo". "¿Y a usted le gusta Leo Ferré?" "¡No! ¡No, señora! A mí no me gusta Leo Ferré, sino sus canciones". "¿Sabía usted que felicidad es igual a S más C más V?" "¡No! ¡No, señora! No creo en la excelencia de ningún tipo".
Recojo los fragmentos del día y creo en María. Sé que toda fe termina -no termina ni bien ni mal, sólo termina-. La fe es un niño que crece para bajar desde lo más alto.

He terminado la lectura de un libro. He leído palabras y más palabras, le he dado vueltas a lo mismo. El calor es obsceno y huele a orín. Las sirenas suenan, huele a tabaco, mi ánimo está "bajo", la angustia está abotargada. Somos química. Es la hora de las noticias: recuento de muertos y de victorias deportivas. Me siento extraño, arrebatado e influible. Soy mancha entre huecos de luz y de sombra.
Todos hablan: el "orden líquido contemporáneo", los constantes vaivenes o el vaivén constante, "el hecho de que nos estemos volviendo extremadamente frágiles y fácilmente insatisfechos", el "síndrome general de adaptación". Hablan y hablan en las retenciones, en los atascos, en las doce horas de Madrid a Cáceres. "¿Usted ha leído a Durrell?" "¡No! ¡No, señora! No lo he leído, sólo lo leo". "¿Y a usted le gusta Leo Ferré?" "¡No! ¡No, señora! A mí no me gusta Leo Ferré, sino sus canciones". "¿Sabía usted que felicidad es igual a S más C más V?" "¡No! ¡No, señora! No creo en la excelencia de ningún tipo".
Recojo los fragmentos del día y creo en María. Sé que toda fe termina -no termina ni bien ni mal, sólo termina-. La fe es un niño que crece para bajar desde lo más alto.

3.10.09

Cuando esta noche salgas no habrá oraciones. Esta noche se van a consumir todas las horas y serás un libro ardiendo. Los que estén a tu alrededor sólo verán una torre de marfil consumida. No verás a nadie ni podrás reconocerte. Todo está detrás, ahora mismo todo está detrás si te fijas. Ni es una broma ni una burla lo que sucede y sucederá. Está oscureciendo y no hay preparación para la noche.

Cuando esta noche salgas no habrá oraciones. Esta noche se van a consumir todas las horas y serás un libro ardiendo. Los que estén a tu alrededor sólo verán una torre de marfil consumida. No verás a nadie ni podrás reconocerte. Todo está detrás, ahora mismo todo está detrás si te fijas. Ni es una broma ni una burla lo que sucede y sucederá. Está oscureciendo y no hay preparación para la noche.

No es posible tener siempre presente la muerte. Tenerla presente a cada instante inmovilizaría al que la pensase o la intuyera. Ni siquiera merece un tratado -a no ser que se ejerza el oficio de filósofo, sociólogo, antropólogo o similares-. Es como el sexo: no se puede realizar a cada instante. La obsesión por la muerte o por el sexo acaba inmovilizando. Hay que alternar los mismos temas. Siempre es lo mismo, pero repetido aleatoriamente bajo el imperio de la voluntad, del capricho o de la necesidad. Un cigarrito, una cervecita, un viajecito, un besito; un paseíto, una cabezadita, un meneíto, una tapita; una peliculita, un teatrito, una musiquita, un librito; una mujercita, un hombrecito, una vidita, un hijito; una muertecita, un descansito, una notita, un autobusito. Pequeñas cosas, grandes cosas, una misma repetición como motor. El mundo es ansí, la vida es eso y la muerte también. Se puede profundizar más, pero a ratos. Así en la muerte como en el sexo se puede profundizar más. Se puede meter más hondo el pensamiento y el sexo; pero penetrar no es sinónimo de placer ni de comodidad. Bajar al sótano o entrar en la caverna tiene consecuencias, ya se trate de un útero o de un concepto. Es posible concretar: visitar un museo, recoger un aforismo, detenerse ante un escaparate, consultar una guía; activar un dispositivo, cumplir un requisito, confeccionar un programa, implantar un sistema; diseñar una lobotomía, parametrizar alguna angustia, desafiar alguna meta, redecorar un objetivo; obturar un deseo, atorar una alcantarilla, obliterar un sello, acaparar un texto... Todo es la misma muerte y el mismo sexo: lo mismo. Hay matices, detalles, ornamentos: la decoración que hace el misterio. Sin embargo es lo mismo. Siempre es lo mismo aunque te preguntes cómo es esto.

No es posible tener siempre presente la muerte. Tenerla presente a cada instante inmovilizaría al que la pensase o la intuyera. Ni siquiera merece un tratado -a no ser que se ejerza el oficio de filósofo, sociólogo, antropólogo o similares-. Es como el sexo: no se puede realizar a cada instante. La obsesión por la muerte o por el sexo acaba inmovilizando. Hay que alternar los mismos temas. Siempre es lo mismo, pero repetido aleatoriamente bajo el imperio de la voluntad, del capricho o de la necesidad. Un cigarrito, una cervecita, un viajecito, un besito; un paseíto, una cabezadita, un meneíto, una tapita; una peliculita, un teatrito, una musiquita, un librito; una mujercita, un hombrecito, una vidita, un hijito; una muertecita, un descansito, una notita, un autobusito. Pequeñas cosas, grandes cosas, una misma repetición como motor. El mundo es ansí, la vida es eso y la muerte también. Se puede profundizar más, pero a ratos. Así en la muerte como en el sexo se puede profundizar más. Se puede meter más hondo el pensamiento y el sexo; pero penetrar no es sinónimo de placer ni de comodidad. Bajar al sótano o entrar en la caverna tiene consecuencias, ya se trate de un útero o de un concepto. Es posible concretar: visitar un museo, recoger un aforismo, detenerse ante un escaparate, consultar una guía; activar un dispositivo, cumplir un requisito, confeccionar un programa, implantar un sistema; diseñar una lobotomía, parametrizar alguna angustia, desafiar alguna meta, redecorar un objetivo; obturar un deseo, atorar una alcantarilla, obliterar un sello, acaparar un texto... Todo es la misma muerte y el mismo sexo: lo mismo. Hay matices, detalles, ornamentos: la decoración que hace el misterio. Sin embargo es lo mismo. Siempre es lo mismo aunque te preguntes cómo es esto.

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