Querido blog, necesito que me sirvas de borrador; así que te aguantas con la cochambre que te va a caer encima.
[Tres damas lloran en torno a una vasodilatada espingarda.
-Dispara tú a nuestras arrugadas y resecas bocas.
-Envenena nuestros afligidos vientres.
-Putrefáctame tú, a mí, henchida como estoy de venenosos cosméticos.]
Luz roja en el escenario. Niebla. La figura de una vieja menuda se dirije al público.
-Yo fui madre. Y cuando lo fui, me sentí la madre de todos vosotros. ¡Ojalá hubiera parido criaturas deformes! Pero mis hijos eran lo que una mujer, a cualquier edad, volvería a introducir en su carne...
Entra un mandril chupando su propio miembro. Repara en la vieja, se acerca a ella, la mira; deja caer su miembro y mientras la señala, grita:
-¡Vieja asesina! ¡Serpiente inmunda!
Agarra su miembro y azota a vergajos a la vieja. Ésta no ofrece resistencia, pone sus brazos en cruz y mirando al techo exclama:
-¡Más, hijos míos!... ¡Más!... Abridme entera... ¡Que salgan las mariposas que liban de mi pena!... ¡Que se me pierda el respeto, a mí que fui la Macarena!...
Del suelo del escenario se eleva la espingarda. La vieja se adelanta bailando a paso lento hasta situarse encima de ella. El mandril vuelve a lamerse el miembro como si chupase un chupa chups. La vieja deja caer los brazos y baja la cabeza. En voz baja:
-Se me quita lo que fui. Pero no fui nada... ¿Qué hice? Contra nadie hice nada, pasé de todos; incluso de mí misma... Sí, espingarda, pasé de todos... Y de ti más que de nadie...
La vieja se abre de piernas y se deja caer bruscamente sobre la espingarda. El escenario se oscurece.