La Selva de Próspero

Sapere aude!

26.12.07

La Visita

Antes del arrepentimiento... la verdad.
Prefiero cualquier sufrimiento (incluso desconocido e inimaginable) antes que la hipocresía. Mi lucha en este blog (si es que alguna lucha hubo) ha sido la de desterrar la hipocresía a favor del cinismo. He dicho en estas intervenciones cosas que no he dicho a los más allegados. He sido más "yo" que yo mismo. He sabido que la soledad es la cumbre que todo lo culmina independientemente del esfuerzo mayor o menor que se haga por llegar a ella.
Y yo llevo mucho tiempo en la cima. Lo más congruente llegado este momento es dejarse helar por los fríos que aquí calientan.
Es la hora de los asesinos y de los templarios, la hora de la reconciliación, la hora del misterio que no debe ser profanado, la hora de la muerte y del amén. Hay demasiada edad sobre estos hombros (tanta como soledad) como para permitirse nada común (y mucho menos el sentido).
De fondo, "Malagueña salerosa"; por principio, la fobia social.
Y los oráculos se equivocan cuando reconocen que se equivocan. "Incluso yo, ¡oh, Mar!, me equivoco y te pido perdón"; así habló el oráculo. ¿Desde cuándo un oráculo pide perdón? Una humillación más, otro Wagner cuya sombra se esfuma. Ahora soy más ateo que nunca, ahora el ananthropos se ha convertido en lluvia y ocaso permanentes.

23.12.07

1.900

Docena de meses, docena de años... Una docena de tiempo a destiempo; así es la voz de lo imposible. Es tarde. Todo está cerrado. Esto parece una playa en invierno. Todos heridos o moribundos. Acedia.
Es que hace mucho que estoy muerto en lo fundamental; sólo queda la certificación forense y empírica.
M. J. C.

22.12.07

Feliz Navidad

Escribo para el espíritu del frío.
No te dejes. (Y, si te dejas, busca un prejuicio justo).
Porque yo no escribo para el olvido ni para la tristeza.
Me limito a dejar límites sobre cada almohada que ha perdido la cabeza que reposa sobre ella. Carezco de voz y no tengo pasos que dar ni camino que tomar.
Esto es un circo, esta es la arena; la sangre la ponemos todos.
Aquí me dijeron (como a otros) que yo estaba predestinado para la fortuna por mis méritos.
Y aquí me encuentro... más perdido que buscado... más sin nada... Los que creen en la dignidad dirían que se encuentran estafados.
Pero... el invierno, la nieve blanca, el último aliento... todo eso no es una estafa. Nadie nos dijo que no fuese a ser así.

21.12.07

La intervención del ahorcado

Destrozado, mutilado, sin hígado y amparado por los celos pulverizados a golpe de realidad.
A los normales, ¡salud! Brindo porque serán los cuatro días más intensos de mi muerte. Sin ridículo, sin vergüenza, sin amigos: como un dios que usa la cruz como mondadientes. El centro es silencio y fuego; el silencio lo ponen el alma y el miedo, el fuego lo pone el alcohol de Juan Cuesta. Ahora es el momento de los siglos, lo que se suele esperar, lo que las Meditaciones del Quijote no cuentan. Y hablando de tales Meditaciones: basta recomendar algo a alguien para que: o lo acepten o lo rechacen. Si lo aceptan, rechazas a quien lo acepta; si lo rechazan, aceptas a quien lo rechaza... durante un tiempo. Después ves en la soberbia del rechazo un desamparo vital y esencial de quien rechaza, algo como una muerte sobrevenida a gusto de la torpeza en que vive. Pero los esclavos también tienen derecho a querer ser esclavos. ¿No es verdad? (La interrogación es retórica; aquí no hay vivos ni muertos que respondan).
Cielo, vida, amor, corazón... Me voy. No porque quiera, sino porque me echas y me echan. Y cuando no me quieren al lado, mejor volar alto o bajo, ¡incluso mejor reptar! No escucharán mis escamas el desprecio. Good bye! Fuiste para el humo y el bemol, para el fuego y la armonía. Yo vuelo en mi nada más alto que el humo y que la nota que lo delata.
Adiós.

20.12.07

Lo que no se puede negar

19.12.07

A los jueces del progreso.

Próspero Mar Ansetobeah

El denunciado, la lucha entre el "caes hoy, caes mañana" -pero caer al fin y al cabo-. El proscrito por la libertad, el mala leche, el "rumiao" "pasao" por agua, la condena. El que no atiende a razones ni a compasión de tres al cuarto. El vendimiado, el punto y aparte, el retrete y la miseria. El que no se queda, el que no va, el que señala, el vindicativo. El próspero sin prosperar, el fidedigno, el "sin segunda oportunidad" (como tú y como yo y como todo dios). El que sabe lo que callas, el que conoce lo que ocultas, el que se da cuenta de todos los cuentos; y el que no cae en la cuenta de los relatos breves, sino en la brevedad de todo relato que ni siquiera tú te cuentas. El "nunca otra vez" para "de nuevo lo mismo", el "fostiao", el pordiosero y el mansedumbre. El que ni atiende ni escucha, el que vende, el que compra, el que se masturba por unas mejillas sin sonrojo.
El matado.

17.12.07

Domina la masa

Noche fría. Y aunque nevara no dejaría de ser negra noche. No dejaría de serlo. Aunque el frío fuese de color blanco, aunque los dientes se pusieran blancos del susto, aunque mil osos polares nos diesen su blanca sangre para blanquear la negra alevosía de la noche. No por ello dejaría de helar negro sobre negro. Y, sin embargo...
Hay una cruz incolora que no soporta cadáver alguno y una señal por cuya señal de ningún enemigo libra. No hay nada santo, no hay santa cruz, ni señor, ni dios nuestro. Todo se ha vuelto minúsculo.
Hay un monte y una semilla y una misericordia de arrabal que pudre los huesos de vacío; pero no de frío, ni de nocturnidad, ni de animadversión contra nuestros enemigos. Nada es nuestro.
Hay un ángel gris como el color de la medianoche que los pobres incuban en la soledad de su cerebro. No es literatura, es cáncer de silencio.
Hay una luz entre la fiebre más blanca que la noche negra. Y la luz es una voz que indica lo más puro: "eresss una miegggda". Y todos nos sonreímos entre el Tajo y el Sena.
Hay un aldabonazo... Y entonces...
Los coágulos nombran al sudario, el fuego se retira. Cremación imposible. El gerundio de la muerte es un sudario cuya sangre no termina de secarse. La esperanza es el gerundio, la tranquilidad el participio. La linterna aún dispara ante dioses insospechados. Y la linterna es el miedo.
El frío espera.
Nos vamos.

16.12.07



Cuando eres una mierda para alguien, lo peor que te puede suceder es que finja por mucho tiempo que no lo eres y que, además, necesites engañarte. Para evitar esto no consultes a tu ángel de la guarda, sino a tu genio maligno. Y procede.


15.12.07

A Dios le gustaban las pruebas. A los dioses, de por sí, les gustan las pruebas. Y a los humanos que se creen divinos también les gustan las pruebas. Sin embargo, estos últimos no caen en la cuenta de que la recompensa que ofrecen no es proporcional a sus pruebas. ¿Por qué? Porque la recompensa que ofrecen es una esclavitud mayor que la esclavitud de sus pruebas. Pero nosotros, los compasivos próximos a curar de nuestra compasión, les debemos a quienes tienen cuerpo y alma de examinadores el reconocimiento de que tienen una función que cumplir. Nosotros, los ananthropoi, aún le debemos al hombre el que haya sido la causa de nuestro nacimiento. El hombre necesita el sufrimiento, porque lo vive como premio.

Carroña de vanidad, plato de buitres

Escribo desde las ruinas. Me reafirmo: todo será un instante, impremeditado, loco, apremiado por el agobio de ser un bípedo racional. Y todo será en un instante de alcohol a la temperatura del Sol. ¡Eso son grados y no el vodka!
Tenemos que dejar previamente saldados ciertos compromisos monetarios, morales y pseudo-afectivos. Aunque nihilista, tengo mis principios que no pueden ser cambiados a lo "hermano Marx".
Ya no pienso reiterar que el hombre debe ser superado. Eso lo han dicho por activa, por pasiva y bajo mármol. Yo no he venido demasiado pronto ni demasiado tarde. Mi cifra está calculada desde el principio de los tiempos. Ahora me toca ser normal: admitir un desahucio, sentirme solo, ser solo y refugiarme en los refugios al uso (esos refugios que tienen su anuncio en televisión para acudir a la acción social de los estados -esa acción social que pretende procurar más sufrimiento que la enfermedad-). Todo ha muerto, todo estaba muerto. Ahora cualquier renacimiento o resurrección no me va a hacer caer en el arrepentimiento o en la parábola de los talentos. Esa parábola, hasta mi último latido, hasta mi último respirar será el acto más criminal que se ha llevado a cabo contra el hombre. Quien formuló esa parábola, fuese quien fuese, fuese lo que fuese se hizo reo de todo desprecio y de una infinidad de muertes por lo que pretendía. Siento confrontar con mi padre en este aspecto; pero si renunciase a esta convicción no cumpliría con el cuarto mandamiento de la ley del diablo.
Neguémonos.
Amén.

14.12.07

La herida del vinagre (la sangre la monopolizó Nuestro Señor).

La tarde es un modesto punto de vista (aquí, guiño al mundo y corte de mangas al silencio). La tarde es una gota de sudor invernal que arrastra la vergüenza hasta el infierno.
Mañana habrá un alba, pero esta noche aún queda la oscuridad para quien pueda deambularla.
En la plaza de Santa Ana habrá un belén o un montón de guiris brindando (tanto monta). Y yo haré una genuflexión ante el Teatro Español y veneraré a los clásicos con un venero de ironía.
¿Cuándo seré ceniza o barro? Es una condición más digna que la de la escribiente mierda.

Castrando el alma y enterrando a los padres.

Lloro al imaginar que ya no me quedan imaginación ni memoria. ¡Pero tengo el menos común de los sentidos! Así me convierto en un castrado más, en un ciudadano de pro, en alguien que comprende que abstenerse es de intelectuales o de creyentes en la moral o de materia que pretendió alguna vez ser persona. Así que la política puede estar tranquila, votaré. Iré con los ojos vendados en marzo (si continúo moribundeando por estos lares) y cogeré una papeleta. Habré sido justo al votar: habré votado por la mismidad que nos pudre cada día.
Otro besito.

La ponzoña de la vida.

Comprendí hace mucho que hay que estar por estar y nada más. Ni siquiera puedo decir que soy un "muerto en vida" -eso supondría aceptar algo de vida-. Se está, se pasa, pasamos por el cuadro de mando integral de la empresa de la moribundia. ¿El indicador que nos señala y objetiva?: "Índice de satisfacción del precadáver". Debemos nuestro "estar" a la forma de empresa, a la forma de organización, a la forma de equipo; ¡todo formas e ideas! La vida, ya lo sabéis, siempre estuvo del otro lado en el que permanecen nuestros restos.
Ahora, lo de siempre, "fin de semana" y a la cama. El que me conozca, puede sustituir "fin de semana" por lo que hubiese escrito de no haberme vuelto un sumiso adocenado.
Un besito.

13.12.07

Donde quieres olvidar están los buenos recuerdos de tus presentes malas horas

Un modesto punto de vista, un hechizo y un olvido. Y saber si un huevo está duro o crudo: ¿qué más da, amor mío? Lo nuestro es encumbrar lo insensato y después elevar cabeza de serpiente mientras nos sentimos reyes. ¿Vale? (Sonrisas). Pero aunque vengan las fiestas de invierno y la solidaridad se aparee con los infieles, tú sabes en la sombra gris de tu cabecita loca que las locuras quedaron grabadas en el corazón. La cumbre es la cumbre. La nieve es la nieve. Y los cabellos no son de oro, suelen caerse; y a la ocasión la pintan calva. Esto es un modesto punto en la noche que se quiebra sin delirio para dar razón de tu fe perdida y de las astas de mi dionosíaco pulular hacia la noche. ¡Qué sabio y salvífico es entenderse sólo a uno mismo! No hay nada más eufemístico y diplomático que la complejidad no entendida (ni siquiera mal entendida, sino no entendida). El ácido clorhídrico ha matado a Santa Leonor y ya no queda ni un centavo para cabalgar hacia Chimay para joder al alba. Aunque lo bueno de todo esto es que se mata el orgullo y nos queda un puntito de modestia donde las aguas duermen como la muerte a la espera de un solecito capaz de rítmicos balbuceos. Yo me entiendo. Yo me salvo.

11.12.07

La ceremonia y los huesos

No hace aún frío. Aún no, aún no hace frío. No hace frío aún. Queda por venir lo bueno del frío: el frío. Y llegará el solsticio de invierno con promesas de Sol. ¿Qué más da? El Sol cada vez se lleva más terreno hacia sus arcas. Ya no le queda nada al invierno. ¿Qué más da? El mundo es de la moneda que rueda y de la rueda de caucho. Aquí la locura dejó de ser loca para convertirse en un estado pasajero hace mucho. Ya no queda más que esa fama que, criada, te deja dormir -aunque no en paz-. ¿Qué más da? Aquí hay una ceremonia que no se interrumpe por nada y que amenaza con hacer perder la fe en la muerte. Porque la muerte no es más que una fe (un acto conservador y reaccionario, ínfimo-burgués y dromedario). ¿Qué más da?
No hace aún frío. Aún no, aún no hace frío. No hace frío aún. Queda por venir lo bueno del frío: el frío.

1.12.07

En los reinos de la muerte.

¡Qué inmensa derrota! ¡Qué silencioso fracaso!¡Qué hiriente engaño! Así hablas tú, acompañada soledad.
El peor de los años, la peor de las cosechas; pero el peor de los vividos, mas no de los que puedan quedar por morir. ¡Qué tiempo tan corto! ¡Qué tiempo tan eterno! Así hablas en la acera mientras te orinas encima.
Tus padres ya no pueden limpiar las heces que fermentas mientras te pudres boca abajo, encima de la cama. Y tu cama es de piedra en tanto que estés vivo, hasta que la camilla del forense te introduzca en la nevera. Aunque sepas que te mienten, no te engañan. ¡Tan fuera! ¡Tan marginal! ¡Tan herido! Y tantas vendas antes de la herida y tanto alcohol sin herida.
¿Cuánto queda para estar más allá de los reinos de la muerte? ¿Cuánto queda para el silencio de la paz?
Una pequeña iglesia, un pequeño cementerio, una pequeña aldea; y una mujer tras dos gatitos que se escapan: una mujer que aportó a lo que queda de vida en mí una imagen de la ternura en esa escena.
Y después de un punto en que la vida y la muerte muestran que hay personas más allá de donde se habita a diario, él (tú, yo, nosotros) vuelve a la acera con el tetra brick y estampa el móvil contra el colegio de enfrente. Pero así no se destruyen las mentiras ni el desprecio con el que te han ungido. Deberías estar tú (él, yo, nosotros) en su lugar. Y dejar la cabeza chorreando laberintos hollados por el genio de la duda. El genio de la duda no era más que la certeza de que todo termina sin haber empezado.
¡Y cuántos como él (tú, yo, nosotros)! Sin fuerzas para acabar con la debilidad, sin la debilidad suficiente para caer exhaustos. Y con una cabeza sobre los hombros a la que basta una ráfaga de viento para que caiga de una vez por todas.

Aquí: en los reinos de la muerte.

Se sentó en la acera y veía pasar lo que su cabeza le pasaba. No entendía, no podía hablar, no existía para sí ni para los demás. La vieja idea le había abandonado al igual que la voluntad. Todo pasaba, sólo pasaba. Las paredes de los ojos estaban blancas, los laberintos del cerebro vacíos. ¿Cómo querer ni siquiera dejar de querer? Ahora sí era el vacío; ahora no había claridad ni oscuridad: sólo el incoloro panel de no saber y no querer. El mundo era un cuadro de mando integral inmenso sin indicadores ni objetivos. La empresa de la vida y de la muerte había quebrado. Las acciones habían perdido su valor; y el valor había perdido su utilidad. Esperaba sin esperanza ni desesperación sentado en la acera. Tenía por corazón una manzana en cuyo interior se agitaba una descomunal serpiente.

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