La Selva de Próspero

Sapere aude!

29.1.09

Renacimiento

Caminar solo cuando eres mal recibido, cuando te bostezan, cuando te relegan... Y todo esto desde hace mucho y considerando que no es mera cuestión de perspectiva...
Coincido plenamente: Este año ninguno de nosotros celebrará San Valentín. Pero podemos resarcirnos el 15 de Marzo con el sacerdote Judas y Nostradamus. Después, nadie hablará de nosotros.

Je suis au bout de ma vie
Ma tâche est finie
Je passe de ce monde á un autre
Mes prémonitions survivront
Prenez garde á mes paroles
Parce qu'elles adviendront
Le patrimoine que j'ai laissé
L'avenir de l'humanité

Renacimiento

Caminar solo cuando eres mal recibido, cuando te bostezan, cuando te relegan... Y todo esto desde hace mucho y considerando que no es mera cuestión de perspectiva...
Coincido plenamente: Este año ninguno de nosotros celebrará San Valentín. Pero podemos resarcirnos el 15 de Marzo con el sacerdote Judas y Nostradamus. Después, nadie hablará de nosotros.

Je suis au bout de ma vie
Ma tâche est finie
Je passe de ce monde á un autre
Mes prémonitions survivront
Prenez garde á mes paroles
Parce qu'elles adviendront
Le patrimoine que j'ai laissé
L'avenir de l'humanité

28.1.09

¡Oh, amigos! ¡Qué lejos estoy de vosotros! Ni siquiera os conozco. Hasta llegué a creer que no tenía amigos. Cuando supe de vuestra mirada ya era tarde: había ascendido hasta el fondo de todos los misterios y los hice míos. Fue entonces cuando ni siquiera pude tomaros como enemigos. Os pediría perdón, si la culpa existiera; pero aquí no hay lugar para esa quimera. Aquí no hay distancias, excepto para sentirme lejos de vosotros. Aquí no hay tiempo, excepto su ausencia para hacer eterna mi separación de vuestra presencia. Vosotros aún perdonáis y obráis como madres, capaces como sois de engendrar. Os admiraría hasta el punto de descender hasta mi cima, pero el desierto de lo eterno abrasa vuestra forma de vida. ¡Oh, amigos! ¡Qué lejos muero de vosotros!

¡Oh, amigos! ¡Qué lejos estoy de vosotros! Ni siquiera os conozco. Hasta llegué a creer que no tenía amigos. Cuando supe de vuestra mirada ya era tarde: había ascendido hasta el fondo de todos los misterios y los hice míos. Fue entonces cuando ni siquiera pude tomaros como enemigos. Os pediría perdón, si la culpa existiera; pero aquí no hay lugar para esa quimera. Aquí no hay distancias, excepto para sentirme lejos de vosotros. Aquí no hay tiempo, excepto su ausencia para hacer eterna mi separación de vuestra presencia. Vosotros aún perdonáis y obráis como madres, capaces como sois de engendrar. Os admiraría hasta el punto de descender hasta mi cima, pero el desierto de lo eterno abrasa vuestra forma de vida. ¡Oh, amigos! ¡Qué lejos muero de vosotros!

Ella lo sabe: una voz, mucho humo, algún agobio... y lo demás no es real, es tan sólo unos poleos en el café de la city mientras se habla de los machos en celo que braman por su espalda rota. El camino al cielo está hecho de una bienaventuranza simple. Así lo real es pequeñito y, cuando se realiza, se le entierra a uno y punto puntito.
Buenos días, tierra.

Ella lo sabe: una voz, mucho humo, algún agobio... y lo demás no es real, es tan sólo unos poleos en el café de la city mientras se habla de los machos en celo que braman por su espalda rota. El camino al cielo está hecho de una bienaventuranza simple. Así lo real es pequeñito y, cuando se realiza, se le entierra a uno y punto puntito.
Buenos días, tierra.

Bastan unas canciones para ir tirando. Basta "poder contarlo". No hay que plantear la vida cada día (planificar no es de sabios). Las alharacas son habas contadas y los prejuicios no deben salirse de madre. Como dijo aquél, "todo a su debido tiempo". Se trata de eso, de "ir tirando", de responder diplomáticamente, de no fardar de moribundia. Destacar no es de sabios y los sepelios han de ser decentitos. Aquí no hay más honra que la de pasar inadvertido. Sólo hay que procurar responder "¡Bien! ¡Gracias!" cuando se acuerden de tu familia. Y procurar recordar: eso también hay que intentarlo. Recordar lo bueno y lo malo; ¡y es más!: recordar que esa distinción de lo bueno y de lo malo es algo útil pero no verdadero. La vida, esa vida que queremos escribir con mayúsculas, es una plaga de minúsculas que hay que acometer sin necesidad de insecticida. Como buenos perros que somos, debemos convivir con nuestras pulgas a falta de amo que nos ponga el collar desparasitador. Buenas noches.

Bastan unas canciones para ir tirando. Basta "poder contarlo". No hay que plantear la vida cada día (planificar no es de sabios). Las alharacas son habas contadas y los prejuicios no deben salirse de madre. Como dijo aquél, "todo a su debido tiempo". Se trata de eso, de "ir tirando", de responder diplomáticamente, de no fardar de moribundia. Destacar no es de sabios y los sepelios han de ser decentitos. Aquí no hay más honra que la de pasar inadvertido. Sólo hay que procurar responder "¡Bien! ¡Gracias!" cuando se acuerden de tu familia. Y procurar recordar: eso también hay que intentarlo. Recordar lo bueno y lo malo; ¡y es más!: recordar que esa distinción de lo bueno y de lo malo es algo útil pero no verdadero. La vida, esa vida que queremos escribir con mayúsculas, es una plaga de minúsculas que hay que acometer sin necesidad de insecticida. Como buenos perros que somos, debemos convivir con nuestras pulgas a falta de amo que nos ponga el collar desparasitador. Buenas noches.

27.1.09

Hay un deseo y un grito triste y exaltado para solitarios. Hay gestos, caricias, sombras y alientos. Hay una flecha disparada hacia un objetivo que acaba clavada en la espalda de uno mismo. La Luna derrama sangre que el Sol jamás derramaría. Todo gira, avanza, se mueve simple y confuso; todo vaticina, todo encumbra su magia, todo promete decepciones y vértigo. ¡Tan hambrientos de la magia hecha deseo o conocimiento! Pero se acaba decidiendo y comprendiendo las limitaciones. Mientras algunos admiten la certeza de que el sexo es pestilencia y plaga; unos pocos, siervos y dueños de la magia, perdidos entre la paz y la muerte, abnegados y ocultos proclaman otra certeza: el sexo es tan fértil como un amor perdido, perseguido y conquistado. Vosotros y ellos, todos estáis invitados a los destellos que os quedan por reflejar durante la muerte antes de la muerte. Nada es cardinal en este punto donde cada estación se arrodilla. Y sólo un acorde encaja como la espada en la vagina, el callado grito que nos devuelve al nacimiento.

Hay un deseo y un grito triste y exaltado para solitarios. Hay gestos, caricias, sombras y alientos. Hay una flecha disparada hacia un objetivo que acaba clavada en la espalda de uno mismo. La Luna derrama sangre que el Sol jamás derramaría. Todo gira, avanza, se mueve simple y confuso; todo vaticina, todo encumbra su magia, todo promete decepciones y vértigo. ¡Tan hambrientos de la magia hecha deseo o conocimiento! Pero se acaba decidiendo y comprendiendo las limitaciones. Mientras algunos admiten la certeza de que el sexo es pestilencia y plaga; unos pocos, siervos y dueños de la magia, perdidos entre la paz y la muerte, abnegados y ocultos proclaman otra certeza: el sexo es tan fértil como un amor perdido, perseguido y conquistado. Vosotros y ellos, todos estáis invitados a los destellos que os quedan por reflejar durante la muerte antes de la muerte. Nada es cardinal en este punto donde cada estación se arrodilla. Y sólo un acorde encaja como la espada en la vagina, el callado grito que nos devuelve al nacimiento.

Salomónicas

Lloro por ti.
Hay rosas pequeñitas como meñiques de niño.
Arropa tu garganta y mira: es de noche.
En esa habitación queda aquella mamá decapitada.
Beberé un litro de sangre cada día.
Rosas pequeñitas para mi niña bonita.
Tenía la cuerda en la garganta y el deseo de descansar.
Tenía una guitarra en la garganta de su corazón.
Tenía el modo silencioso de las rosas.
Rosas de sangre en el corazón de mi garganta.
Flotaba un trance de malvas en la sangre.
Las hojas del diario decapitaron a mamá.
Si llamas a tus padres diles que fui niño.
Si hablas con María dónale mi virginidad.
En aquella casa queda una garganta sin garganta.
El baldaquino viste telas de sangre malva para que duerma mamá.
Los velones en calma rezan.
Te importo una mierda antes de la tormenta.
Me importo una mierda antes de la calma.
Lloro por ti y profetizo para mí.

Salomónicas

Lloro por ti.
Hay rosas pequeñitas como meñiques de niño.
Arropa tu garganta y mira: es de noche.
En esa habitación queda aquella mamá decapitada.
Beberé un litro de sangre cada día.
Rosas pequeñitas para mi niña bonita.
Tenía la cuerda en la garganta y el deseo de descansar.
Tenía una guitarra en la garganta de su corazón.
Tenía el modo silencioso de las rosas.
Rosas de sangre en el corazón de mi garganta.
Flotaba un trance de malvas en la sangre.
Las hojas del diario decapitaron a mamá.
Si llamas a tus padres diles que fui niño.
Si hablas con María dónale mi virginidad.
En aquella casa queda una garganta sin garganta.
El baldaquino viste telas de sangre malva para que duerma mamá.
Los velones en calma rezan.
Te importo una mierda antes de la tormenta.
Me importo una mierda antes de la calma.
Lloro por ti y profetizo para mí.

24.1.09

Descansar de nada y comer de todo. Esa instrucción la tienen en su cerebro algunos suicidas de nuestro tiempo. Son antihéroes a su modo y, por tanto, fieles al sistema en que vivimos. No le falta hebilla a nuestro tiempo para esclavizarnos sin sentirnos por ello arrodillados.
-¿No te aburres?
-No lo sé.
La familia ya no es un valor y hay que tener valor para fundar una. "Familia" y "cárcel", dos palabras que cohabitan el mismo campo. Pero hace falta un nido en el que inflar a un hijo como una cucaracha (quizás así nació Kafka). Pero no he visto morir de tuberculosis a ninguna cucaracha. ¿Tú puedes entenderlo?
Yo lo que necesito es dinero a espuertas para comprender que no puedes comprar un segundo de vida por muy llenas que tengas las tripas de ese símbolo para trueques.

Descansar de nada y comer de todo. Esa instrucción la tienen en su cerebro algunos suicidas de nuestro tiempo. Son antihéroes a su modo y, por tanto, fieles al sistema en que vivimos. No le falta hebilla a nuestro tiempo para esclavizarnos sin sentirnos por ello arrodillados.
-¿No te aburres?
-No lo sé.
La familia ya no es un valor y hay que tener valor para fundar una. "Familia" y "cárcel", dos palabras que cohabitan el mismo campo. Pero hace falta un nido en el que inflar a un hijo como una cucaracha (quizás así nació Kafka). Pero no he visto morir de tuberculosis a ninguna cucaracha. ¿Tú puedes entenderlo?
Yo lo que necesito es dinero a espuertas para comprender que no puedes comprar un segundo de vida por muy llenas que tengas las tripas de ese símbolo para trueques.

¡Suerte y ánimo!

Frío, viento, paro... ¿Esta vez no te ha tocado? ¡Bueno! ¡No importa! La próxima vez tal vez tengas peor suerte. ¡No desesperes! Además, seguro seguro que al menos alguna dolencia sí que te afecta; sólo es cuestión de poner todos tus sentidos sobre ti mismo y ser un poquito egoísta. No tienes por qué agobiarte por el hecho de no haber sido agraciado aún: ¡hay miles de millones de premios en esta lotería, cuyo gran premio es la muerte! Y, ¡fíjate!, el "gordo" -lo quieras o no- te va a acabar tocando. Debes dar gracias (sólo dar gracias, sin importar a qué o a quién) por la condición de estar vivo; sin ella no hubieses podido concursar en la lotería de los avatares que conducen a la muerte. ¡Suerte y ánimo! ¡Lo conseguirás!

¡Suerte y ánimo!

Frío, viento, paro... ¿Esta vez no te ha tocado? ¡Bueno! ¡No importa! La próxima vez tal vez tengas peor suerte. ¡No desesperes! Además, seguro seguro que al menos alguna dolencia sí que te afecta; sólo es cuestión de poner todos tus sentidos sobre ti mismo y ser un poquito egoísta. No tienes por qué agobiarte por el hecho de no haber sido agraciado aún: ¡hay miles de millones de premios en esta lotería, cuyo gran premio es la muerte! Y, ¡fíjate!, el "gordo" -lo quieras o no- te va a acabar tocando. Debes dar gracias (sólo dar gracias, sin importar a qué o a quién) por la condición de estar vivo; sin ella no hubieses podido concursar en la lotería de los avatares que conducen a la muerte. ¡Suerte y ánimo! ¡Lo conseguirás!

21.1.09

En el apartamento de los olivos.
Si tú no me salvas, yo no me salvo.
El pueblo despoblado como un refugio, la ciudad durmiendo el frío, Dios mirando.
No quiero.
No me importa, ¿qué importa?
Nada ha pasado.
Solo en el apartamento de los olivos, sin acento, lo demás es de los otros.
Si hay otros, no son como mi perro fue.
Frente a la cruz de María mi cuerpo se arrodilla, cuerpo sin corazón, voluntad que fue.
Dios se pone.
Sí, cariño, Dios se pone.

En el apartamento de los olivos.
Si tú no me salvas, yo no me salvo.
El pueblo despoblado como un refugio, la ciudad durmiendo el frío, Dios mirando.
No quiero.
No me importa, ¿qué importa?
Nada ha pasado.
Solo en el apartamento de los olivos, sin acento, lo demás es de los otros.
Si hay otros, no son como mi perro fue.
Frente a la cruz de María mi cuerpo se arrodilla, cuerpo sin corazón, voluntad que fue.
Dios se pone.
Sí, cariño, Dios se pone.

20.1.09


El azul
La caída
El viaje
No ser




El azul
La caída
El viaje
No ser



18.1.09

Alegria
Come un lampo di vita
Come un pazzo gridar
Alegria
Del delittuoso grido
Bella ruggente pena
Seren
Come la rabbia di amar
Alegria
Come un assalto di gioia

Alegria
I see a spark of life shining
Alegria
I hear a young minstrel sing
Alegria
Beautiful roaring scream
Of joy and sorrow,
So extreme
There is a love in me raging
Alegria
A joyous, magical feeling

Alegria
Como la luz de la vida
Alegria
Como un payaso que grita
Alegria
Del estupendo grito
De la tristeza loca
Serena
Como la rabia de amar
Alegria
Como un asalto de felicidad

Cirque du Soleil

Alegria
Come un lampo di vita
Come un pazzo gridar
Alegria
Del delittuoso grido
Bella ruggente pena
Seren
Come la rabbia di amar
Alegria
Come un assalto di gioia

Alegria
I see a spark of life shining
Alegria
I hear a young minstrel sing
Alegria
Beautiful roaring scream
Of joy and sorrow,
So extreme
There is a love in me raging
Alegria
A joyous, magical feeling

Alegria
Como la luz de la vida
Alegria
Como un payaso que grita
Alegria
Del estupendo grito
De la tristeza loca
Serena
Como la rabia de amar
Alegria
Como un asalto de felicidad

Cirque du Soleil

16.1.09

Es como si la habitación ya estuviese limpia, como si nadie hubiese pasado por ella. Aquí habitará otro y otro y otro. Como si el espacio permaneciera y los ingredientes fuesen consumidos por el tiempo. Es lo de siempre. Nada nuevo. Eclesiastés. No es posible ser original. Ser original supondría promover la repetición y convertirla en una bonita costumbre, en un estilo. Pero entonces no se hace justicia con la muerte. Porque todos los hombres son mortales; y esto hay que repetirlo hasta que se considere la taza del retrete como el lugar natural al que la cabeza está abocada. Creo que me explico. Hay cosas que se tienen que repetir cada día. Como viajar en metro y sacar conclusiones. Todo está ahí. Lo saben muy bien los médicos. Para un médico éste, ése y aquél son pronombres que se sustituyen con lo que sea: llegan, palman y "¿siguiente?" Ni el más mínimo secreto en eso de diñarla. Se palma y otros nacen para acabar en el hoyo. Y lo jodido es saber esto y vivirlo día a día. ¿Ves la tele? "Voy a palmarla". ¿Escuchas la radio? "Voy a palmarla". ¿Te consideran un cerebro de elefante capaz de salvar el mundo? "Voy a palmarla". ¿Con qué afán te pones la capita de Supermán y charlas con los amigos? ¿Desinteresadamente? ¿Porque así es la vida? ¿Te lo crees así? ¿Así es y siempre lo será? Pues, ¿qué quieres que te diga? "Voy a palmarla". Lo demás es tan circunstancial como la vida misma y no puedo dejar de pensar en ello. Escribir las memorias cada día es lo que tiene. ¡Sobre todo cuando dejas memoria de vacíos cotidianos! Pero es lo que hay y lo que va a dejar de haber algún día. Quizás esta misma noche. ¡Sí, sí, sí! "Voy a palmarla". ¡Pero Calderón ha dimitido! ¡Y vas a ganar más! ¡Incluso puedes tener un hijo y heredar la tierra! ¿No es hermoso? "Voy a palmarla". Aunque te pongas una mascarilla de pepino y flores de "siemprevivo", aunque te empapes con una papilla contra el envejecimiento la consecuencia es la misma. Te quejas, te jodes, te machacas; te tomas el ansiolítico preceptivo y te confiesas ante el galeno de turno. Lo de siempre. Pero tenemos una santidad que nos protege: los santos cojones de pensar que eso se puede olvidar y vivir como si nada. Sancta Simplicitas!

Es como si la habitación ya estuviese limpia, como si nadie hubiese pasado por ella. Aquí habitará otro y otro y otro. Como si el espacio permaneciera y los ingredientes fuesen consumidos por el tiempo. Es lo de siempre. Nada nuevo. Eclesiastés. No es posible ser original. Ser original supondría promover la repetición y convertirla en una bonita costumbre, en un estilo. Pero entonces no se hace justicia con la muerte. Porque todos los hombres son mortales; y esto hay que repetirlo hasta que se considere la taza del retrete como el lugar natural al que la cabeza está abocada. Creo que me explico. Hay cosas que se tienen que repetir cada día. Como viajar en metro y sacar conclusiones. Todo está ahí. Lo saben muy bien los médicos. Para un médico éste, ése y aquél son pronombres que se sustituyen con lo que sea: llegan, palman y "¿siguiente?" Ni el más mínimo secreto en eso de diñarla. Se palma y otros nacen para acabar en el hoyo. Y lo jodido es saber esto y vivirlo día a día. ¿Ves la tele? "Voy a palmarla". ¿Escuchas la radio? "Voy a palmarla". ¿Te consideran un cerebro de elefante capaz de salvar el mundo? "Voy a palmarla". ¿Con qué afán te pones la capita de Supermán y charlas con los amigos? ¿Desinteresadamente? ¿Porque así es la vida? ¿Te lo crees así? ¿Así es y siempre lo será? Pues, ¿qué quieres que te diga? "Voy a palmarla". Lo demás es tan circunstancial como la vida misma y no puedo dejar de pensar en ello. Escribir las memorias cada día es lo que tiene. ¡Sobre todo cuando dejas memoria de vacíos cotidianos! Pero es lo que hay y lo que va a dejar de haber algún día. Quizás esta misma noche. ¡Sí, sí, sí! "Voy a palmarla". ¡Pero Calderón ha dimitido! ¡Y vas a ganar más! ¡Incluso puedes tener un hijo y heredar la tierra! ¿No es hermoso? "Voy a palmarla". Aunque te pongas una mascarilla de pepino y flores de "siemprevivo", aunque te empapes con una papilla contra el envejecimiento la consecuencia es la misma. Te quejas, te jodes, te machacas; te tomas el ansiolítico preceptivo y te confiesas ante el galeno de turno. Lo de siempre. Pero tenemos una santidad que nos protege: los santos cojones de pensar que eso se puede olvidar y vivir como si nada. Sancta Simplicitas!

15.1.09

Los trabajos, los días, las personas, los dioses; el guiñol que se traslada de una plaza a otra, los mismos imbéciles, las mismas costumbres, los mismos matices; la misma moneda falsa en los bolsillos de pana: la misma falta de nada a nada. Todo objetos y fetiches, todo trueque sin necesidad, pretextos y esperanzas...
Los hombres pequeñitos tienen la cabeza en la Luna, ¡y cómo cargan! El que no se consuela es porque no quiere. El que no juega está muerto. La vida es un bote de palillos dentales, un rotulador de tinta indeleble y unos auriculares; todo ello pasado por agua y frío mientras el Sol se arrepiente de haber salido. A veces te paras y sonríes, porque sabes y callas; comprendes que por mucho que se pida no hay una segunda oportunidad de ser lo que deseas...
Llevan siglos jugando con nosotros.
Aún busco la palabra exacta.
Es el trabajo.
Y me canso.

Los trabajos, los días, las personas, los dioses; el guiñol que se traslada de una plaza a otra, los mismos imbéciles, las mismas costumbres, los mismos matices; la misma moneda falsa en los bolsillos de pana: la misma falta de nada a nada. Todo objetos y fetiches, todo trueque sin necesidad, pretextos y esperanzas...
Los hombres pequeñitos tienen la cabeza en la Luna, ¡y cómo cargan! El que no se consuela es porque no quiere. El que no juega está muerto. La vida es un bote de palillos dentales, un rotulador de tinta indeleble y unos auriculares; todo ello pasado por agua y frío mientras el Sol se arrepiente de haber salido. A veces te paras y sonríes, porque sabes y callas; comprendes que por mucho que se pida no hay una segunda oportunidad de ser lo que deseas...
Llevan siglos jugando con nosotros.
Aún busco la palabra exacta.
Es el trabajo.
Y me canso.

13.1.09

Andadura: nada dura.

Si te quedan teclas para ello, puedes llamar al último unicornio. Teclea en blanco sobre blanco y no hagas alarde de tu mensaje. Sé breve. Has de estar muy cansado para escribir la llamada y percibir su trote. (¿Trotan los unicornios?). Lo más básico es el cansancio, no esperar nada, quedarte ahí, fuera del espacio. Usa el teclado hasta hacer música del plástico y convertirlo en piel; es más, te debería parecer que careces de dedos y manos. Hasta ese punto has de estar cansado para poder llamar al último unicornio. Desliza las letras, conviértelas en agua, que se te escapen (no sientas ira por ello: rabietas no), que lo escrito te parezca extraño y para otros. Date cuenta: se trata de la suave percusión que produce una llamada. Los repetidos golpes han de atraer y no ahuyentar: como si golpe y caricia debieran ir unidos libremente. ¡Golpe y caricia! La contradicción hecha carne en una sutil llamada sin deseo. Convierte esta pantalla en pergamino para que pueda tocarte el paraíso. El paraíso no es más que un arco iris sobre el que pasean los unicornios. Desde ese arco iris te ha de rozar el templado color del último unicornio que haya de pisar la tierra.
Ahora humedece tu garganta con breves y pausados sorbos de agua (sólo agua). A veces quema el anhelo de volver a llamar al último unicornio.


Andadura: nada dura.

Si te quedan teclas para ello, puedes llamar al último unicornio. Teclea en blanco sobre blanco y no hagas alarde de tu mensaje. Sé breve. Has de estar muy cansado para escribir la llamada y percibir su trote. (¿Trotan los unicornios?). Lo más básico es el cansancio, no esperar nada, quedarte ahí, fuera del espacio. Usa el teclado hasta hacer música del plástico y convertirlo en piel; es más, te debería parecer que careces de dedos y manos. Hasta ese punto has de estar cansado para poder llamar al último unicornio. Desliza las letras, conviértelas en agua, que se te escapen (no sientas ira por ello: rabietas no), que lo escrito te parezca extraño y para otros. Date cuenta: se trata de la suave percusión que produce una llamada. Los repetidos golpes han de atraer y no ahuyentar: como si golpe y caricia debieran ir unidos libremente. ¡Golpe y caricia! La contradicción hecha carne en una sutil llamada sin deseo. Convierte esta pantalla en pergamino para que pueda tocarte el paraíso. El paraíso no es más que un arco iris sobre el que pasean los unicornios. Desde ese arco iris te ha de rozar el templado color del último unicornio que haya de pisar la tierra.
Ahora humedece tu garganta con breves y pausados sorbos de agua (sólo agua). A veces quema el anhelo de volver a llamar al último unicornio.


Todo no es sugestión. Es posible que el frío sea frío y que en martes y trece algo se queme. Pero el "da igual" ayuda a superarlo todo. Y en ese "da igual" estoy ahora y pienso: si tuviese tiempo haría un post con los libros que no me llevaré al valle de los eternos cazaderos. Y otro con las canciones y otro con las fotos y otro con las películas y otro con... (risas). Yo sólo me llevo un espinazo sin espinas y una doblez de pensamiento. Poco más. ¡En fin! Pero yo entraba aquí para una transcripción de una tarjeta, para una mnemotecnia, para un dejarme constancia.
Frío, hace mucho frío. Un frío lunar, un frío de astas y palillo, un frío de hogar y Juan sin Miedo.
Y sin embargo, ¿qué importa el frío? Del nocturno frío me preocupa la noche; del solitario frío me preocupa su unidad; del insensible frío me aterra la indiferencia... Pero el frío en sí, el frío frío... no me importa.
Del frío de los mendigos me da miedo su mendicidad; del frío de los ebrios temo su ebriedad; del frío de los niños me desespera su inocencia... Pero el frío en sí, el frío, ¿qué más da?
El frío es como tú y como yo: una sensación sin más sentido que nuestros sentidos. Pero cuando al frío le acompaña la circunstancia de su deriva y el azar de su errancia, hay que temerlo.
Y así sucede con lo sencillo.
Lo sencillo es como el frío, simple y cordial, vivible. Pero lo sencillo no admite el revuelo de los calificativos ni disfraces que lo acompañen. Porque entonces dejaría de ser sencillo como el frío dejaría de ser frío.
No sé si me explico... Ni me explico... Esto es sólo un ejercicio para desentumecer mis dedos acogotados de frío... y nada más que frío.
Tú eres el algodón del frío y la pluma de lo sencillo.
Y así poco más o menos se puede dar el plácet a este puñado de letras nevadas por la inconsciencia de vivir. Una queja más, otro aliento y un querer dar colores a la orquesta de los desalientos.
Buenas noches.

Todo no es sugestión. Es posible que el frío sea frío y que en martes y trece algo se queme. Pero el "da igual" ayuda a superarlo todo. Y en ese "da igual" estoy ahora y pienso: si tuviese tiempo haría un post con los libros que no me llevaré al valle de los eternos cazaderos. Y otro con las canciones y otro con las fotos y otro con las películas y otro con... (risas). Yo sólo me llevo un espinazo sin espinas y una doblez de pensamiento. Poco más. ¡En fin! Pero yo entraba aquí para una transcripción de una tarjeta, para una mnemotecnia, para un dejarme constancia.
Frío, hace mucho frío. Un frío lunar, un frío de astas y palillo, un frío de hogar y Juan sin Miedo.
Y sin embargo, ¿qué importa el frío? Del nocturno frío me preocupa la noche; del solitario frío me preocupa su unidad; del insensible frío me aterra la indiferencia... Pero el frío en sí, el frío frío... no me importa.
Del frío de los mendigos me da miedo su mendicidad; del frío de los ebrios temo su ebriedad; del frío de los niños me desespera su inocencia... Pero el frío en sí, el frío, ¿qué más da?
El frío es como tú y como yo: una sensación sin más sentido que nuestros sentidos. Pero cuando al frío le acompaña la circunstancia de su deriva y el azar de su errancia, hay que temerlo.
Y así sucede con lo sencillo.
Lo sencillo es como el frío, simple y cordial, vivible. Pero lo sencillo no admite el revuelo de los calificativos ni disfraces que lo acompañen. Porque entonces dejaría de ser sencillo como el frío dejaría de ser frío.
No sé si me explico... Ni me explico... Esto es sólo un ejercicio para desentumecer mis dedos acogotados de frío... y nada más que frío.
Tú eres el algodón del frío y la pluma de lo sencillo.
Y así poco más o menos se puede dar el plácet a este puñado de letras nevadas por la inconsciencia de vivir. Una queja más, otro aliento y un querer dar colores a la orquesta de los desalientos.
Buenas noches.

12.1.09

Precalentamiento:

El conductor del autobús que cojo cada mañana se llama Caronte.
A mi hermano le enseñó a conducir Jesús.
Las mandarinas que pierden el sabor siguen siendo mandarinas.
Una inyección intramuscular no es un lepidóptero.
Un lepidóptero es tan poético como una inyección.
"La nieve es blanca" si y solo si la nieve es blanca.
El café con leche es más caro este mes.
"Lo que me queda de vida" es falso.

Precalentamiento:

El conductor del autobús que cojo cada mañana se llama Caronte.
A mi hermano le enseñó a conducir Jesús.
Las mandarinas que pierden el sabor siguen siendo mandarinas.
Una inyección intramuscular no es un lepidóptero.
Un lepidóptero es tan poético como una inyección.
"La nieve es blanca" si y solo si la nieve es blanca.
El café con leche es más caro este mes.
"Lo que me queda de vida" es falso.

11.1.09

Acabo de practicar una suerte de bibliomancia (supongo que se le puede llamar así). He picado al azar sobre un mes de mi blog y sobre un post de ese mes. Ha salido esto y me sorprendo a mí mismo: http://laselvadeprospero.blogspot.com/2007/05/la-noche-del-diablo.html Ahora no podría repetirlo, porque la subsistencia sanitaria me ha prohibido beber y vivir.

Receta anónima

Hay una receta anónima que no nos atrevemos a seguir. Los ingredientes: dos rebanadas de costumbre, dos huevos de valor, dos tazas de falsa evidencia, cuatro cucharadas de indiferencia, aceite de sueño en abundancia y mucho cariño. Es fácil de cocinar y sabrosa como la vida misma. Puedes aderezar el resultado con alguna poesía (pero poca -la mentira es un veneno en abundancia, pero saludable en cómodos plazos-). El plato favorece la risa y el reptar, cuesta poco y lo puede hacer cualquiera. ¿Cómo combinar los ingredientes? ¡A tu gusto! Cualquier combinación es válida y tiene premio. Puedes asar la costumbre, congelar el valor, gratinar la falsa evidencia, regar con indiferencia y freír con sueño. Es una manera. Yo lo meto todo en la batidora y llamo después a urgencias. Y ya me veis: sobremuero.

Receta anónima

Hay una receta anónima que no nos atrevemos a seguir. Los ingredientes: dos rebanadas de costumbre, dos huevos de valor, dos tazas de falsa evidencia, cuatro cucharadas de indiferencia, aceite de sueño en abundancia y mucho cariño. Es fácil de cocinar y sabrosa como la vida misma. Puedes aderezar el resultado con alguna poesía (pero poca -la mentira es un veneno en abundancia, pero saludable en cómodos plazos-). El plato favorece la risa y el reptar, cuesta poco y lo puede hacer cualquiera. ¿Cómo combinar los ingredientes? ¡A tu gusto! Cualquier combinación es válida y tiene premio. Puedes asar la costumbre, congelar el valor, gratinar la falsa evidencia, regar con indiferencia y freír con sueño. Es una manera. Yo lo meto todo en la batidora y llamo después a urgencias. Y ya me veis: sobremuero.

10.1.09

Dependientes, solitarios, perdidos dentro de sí... Ellos, los otros, los no-yo, los ancianos de la vida... ¿Eres tú un anciano de la vida? No hace falta mucho. Lo que pasa es que piensas o imaginas que estás en el mogollón de lo que te publicitan, que te sientes algo así como consumidor incapaz de ser consumido; te consideras más de lo que menos eres y no tienes en cuenta lo desconsiderado que eres con tus limitaciones. ¡Vamos! ¡Resumiendo!: Que el azar está ahí dentro, en la vena, en el colapso, en la magia de una caída al vacío. Pero, mientras, se otea el paraíso de no sentir y se vislumbra el indiferente paradero de la muerte dulce. Se trata de palabras, de dudas, de mentiras... de verborrea caliente en el frío hielo de la nocturna caminata. Y el final es mero aburrimiento, puro vencimiento y más colapso. Lo sé: ¡divagaciones! Toso, me deslumbro, transformo consejos en quejas, cojeo; a veces hasta me muero de retórica. ¿Y? Verás, es muy fácil, simple, sencillo como no pretender; es algo así como una congestión integral, la constricción de todas las esperanzas, la pura luz de la dura oscuridad. ¿Me explico? Seguramente no, lo más probable es que no. ¡A ver! Duelen los dependientes, duelen los solitarios, duelen los perdidos dentro de sí. ¿No lo crees así? Los invisibles duelen porque estamos vestidos de esa invisibilidad y no la sentimos. Se puede decir más fácilmente, pero no es lo mismo. Lo enrevesado tiene su aquél y su porqué, la complejidad -a su modo- se explica... ¡No para todo el mundo, desde luego! Pero sí para esos que intuyen que un día serán ancianos de la vida. ¡Fíjate! El proceso es el mismo en cada hospital y en cada desgracia. Si te toca a ti, señalado y marcado, pareces distinto; ¡pero no es así! Todo es un trámite, la burocracia de lo que desaparece, la lentitud de la muerte -esa rápida (rapidísima) lentitud-, los acordes ruidosos, los pantallazos sin vínculo; las llamadas por cortesía, los resbalones en el cielo, el kilo de veneno en el estómago, el sobrepeso de una lascivia sin deseo, los toques que palpan el vacío, la garra en el cuello... ¡Todo sintetizado en el trámite! ¡Todo proceso! ¡Todo evaluable y vírico! ¡Todo en el destín de una vacua eternidad enferma! Porque, ¡a ver!, dime tú: ¿de qué murieron esos dioses campechanos que nos daban de comer las órdenes de cada día?... Contesta algo, arriesga, mete baza. ¿No hay respuestas? Entonces es que eres joven, soberbio, ganador y un apuesto ignorante (el género aquí, como en casi todo, no importa). Como si un caracol llegara a la cima de un hierbajo: así se distancia uno de lo que pretendo significar. Porque no hay moral de ganador en los ancianos de la vida... ¡En absoluto! En los ancianos de la vida no hay nada. Por eso la palabra no merece ningún sepelio, porque no es fiel a las dependencias que fragua entre sus diálogos... Realmente, la palabra merece morir. Ya lo hizo el alma y no por ello nos hemos escandalizado. Al contrario: nos hemos visto dependientes, solitarios y perdidos.

Dependientes, solitarios, perdidos dentro de sí... Ellos, los otros, los no-yo, los ancianos de la vida... ¿Eres tú un anciano de la vida? No hace falta mucho. Lo que pasa es que piensas o imaginas que estás en el mogollón de lo que te publicitan, que te sientes algo así como consumidor incapaz de ser consumido; te consideras más de lo que menos eres y no tienes en cuenta lo desconsiderado que eres con tus limitaciones. ¡Vamos! ¡Resumiendo!: Que el azar está ahí dentro, en la vena, en el colapso, en la magia de una caída al vacío. Pero, mientras, se otea el paraíso de no sentir y se vislumbra el indiferente paradero de la muerte dulce. Se trata de palabras, de dudas, de mentiras... de verborrea caliente en el frío hielo de la nocturna caminata. Y el final es mero aburrimiento, puro vencimiento y más colapso. Lo sé: ¡divagaciones! Toso, me deslumbro, transformo consejos en quejas, cojeo; a veces hasta me muero de retórica. ¿Y? Verás, es muy fácil, simple, sencillo como no pretender; es algo así como una congestión integral, la constricción de todas las esperanzas, la pura luz de la dura oscuridad. ¿Me explico? Seguramente no, lo más probable es que no. ¡A ver! Duelen los dependientes, duelen los solitarios, duelen los perdidos dentro de sí. ¿No lo crees así? Los invisibles duelen porque estamos vestidos de esa invisibilidad y no la sentimos. Se puede decir más fácilmente, pero no es lo mismo. Lo enrevesado tiene su aquél y su porqué, la complejidad -a su modo- se explica... ¡No para todo el mundo, desde luego! Pero sí para esos que intuyen que un día serán ancianos de la vida. ¡Fíjate! El proceso es el mismo en cada hospital y en cada desgracia. Si te toca a ti, señalado y marcado, pareces distinto; ¡pero no es así! Todo es un trámite, la burocracia de lo que desaparece, la lentitud de la muerte -esa rápida (rapidísima) lentitud-, los acordes ruidosos, los pantallazos sin vínculo; las llamadas por cortesía, los resbalones en el cielo, el kilo de veneno en el estómago, el sobrepeso de una lascivia sin deseo, los toques que palpan el vacío, la garra en el cuello... ¡Todo sintetizado en el trámite! ¡Todo proceso! ¡Todo evaluable y vírico! ¡Todo en el destín de una vacua eternidad enferma! Porque, ¡a ver!, dime tú: ¿de qué murieron esos dioses campechanos que nos daban de comer las órdenes de cada día?... Contesta algo, arriesga, mete baza. ¿No hay respuestas? Entonces es que eres joven, soberbio, ganador y un apuesto ignorante (el género aquí, como en casi todo, no importa). Como si un caracol llegara a la cima de un hierbajo: así se distancia uno de lo que pretendo significar. Porque no hay moral de ganador en los ancianos de la vida... ¡En absoluto! En los ancianos de la vida no hay nada. Por eso la palabra no merece ningún sepelio, porque no es fiel a las dependencias que fragua entre sus diálogos... Realmente, la palabra merece morir. Ya lo hizo el alma y no por ello nos hemos escandalizado. Al contrario: nos hemos visto dependientes, solitarios y perdidos.

7.1.09

Tarjeta

Tu cara oculta y mi reverso tenían que conocerse. Un "sí, quiero" se ha de dar con toda el alma y no sólo con el almíbar de los momentos simplemente dulces. Tal vez por eso aquel año no hubo tarjetas. Pero las palabras, ahora, pueden despertar. O pueden seguir dormidas, porque los sentimientos fueron tantos -y tan novedosos para mí- que no quedó tiempo para levantar un acta bella y formal de tan intensas vivencias. Pero, si debemos honrar las páginas de un álbum que otros pasarán algún día, ¡cumplamos! Bastarán unas letras para ello:
Fuiste un verano de libertad y cariño, un verano de francas caricias y lamentos, un verano en que me convertí en devoto de tu lucha por nosotros. Y fuiste también, en invierno, anfitriona de un país llamado "hogar" y guía de una región que lleva por nombre "hospitalidad". Y fue así como, en el plazo de un año, se fraguó el encuentro que esta noche del día de Reyes me permite declarar que he vivido.

Tarjeta

Tu cara oculta y mi reverso tenían que conocerse. Un "sí, quiero" se ha de dar con toda el alma y no sólo con el almíbar de los momentos simplemente dulces. Tal vez por eso aquel año no hubo tarjetas. Pero las palabras, ahora, pueden despertar. O pueden seguir dormidas, porque los sentimientos fueron tantos -y tan novedosos para mí- que no quedó tiempo para levantar un acta bella y formal de tan intensas vivencias. Pero, si debemos honrar las páginas de un álbum que otros pasarán algún día, ¡cumplamos! Bastarán unas letras para ello:
Fuiste un verano de libertad y cariño, un verano de francas caricias y lamentos, un verano en que me convertí en devoto de tu lucha por nosotros. Y fuiste también, en invierno, anfitriona de un país llamado "hogar" y guía de una región que lleva por nombre "hospitalidad". Y fue así como, en el plazo de un año, se fraguó el encuentro que esta noche del día de Reyes me permite declarar que he vivido.

Soy un sandwich de jamón serrano y el latido hacia la infancia de una meta que pueden llamar amor. Y tú eres la reina del roscón. ¿Quién nos redimirá de nuestro pecado original -"nicotina" el tuyo, "indigestión" el mío-? Quiero hacer de ti un café con churros en el que las galletas María no tuvieran las horas contadas. ¿Me ayudas? Yo no soy un propósito de año nuevo; soy algo más que una intención y que una canción de asfalto; soy un destino capaz de quedarse tan ancho por afirmarse a sí mismo una noche fría de invierno. Todo invierno puede girar hacia su verano, sin sentirse arruinado, con una cabalgata de hadas desfilando baile a baile por la helada sangre de sus días. Yo ahora regalo las sonrisas que antes disparaba para defenderme. Yo ahora pinto tarjetas con colores de palabra para felicitar y agradecer, no por el compromiso de una necesidad que a veces el miedo impone. Puedo ser la sonrisa de un bebé y perder el juicio que jamás me caracterizó -los juicios no son sacramentos-. Puedo prestar atención sin más interés que el que puedan negociar la inocencia de un niño y la protección de unos padres. Yo no soy el vencimiento de un diagnóstico ni la antesala de una eterna prescripción facultativa, sino el efecto secundario de una sobredosis de indiferencia que un pequeño ángel puede remediar. Soy copa y raíz de un árbol genealógico tan grande como mi libre necesidad de amarte. Soy un folio repleto de líneas como firmamentos que se inclinan ante la magia de tu estrella. Y no soy un engendro, sino la viva ansia de engendrar en ti.

Soy un sandwich de jamón serrano y el latido hacia la infancia de una meta que pueden llamar amor. Y tú eres la reina del roscón. ¿Quién nos redimirá de nuestro pecado original -"nicotina" el tuyo, "indigestión" el mío-? Quiero hacer de ti un café con churros en el que las galletas María no tuvieran las horas contadas. ¿Me ayudas? Yo no soy un propósito de año nuevo; soy algo más que una intención y que una canción de asfalto; soy un destino capaz de quedarse tan ancho por afirmarse a sí mismo una noche fría de invierno. Todo invierno puede girar hacia su verano, sin sentirse arruinado, con una cabalgata de hadas desfilando baile a baile por la helada sangre de sus días. Yo ahora regalo las sonrisas que antes disparaba para defenderme. Yo ahora pinto tarjetas con colores de palabra para felicitar y agradecer, no por el compromiso de una necesidad que a veces el miedo impone. Puedo ser la sonrisa de un bebé y perder el juicio que jamás me caracterizó -los juicios no son sacramentos-. Puedo prestar atención sin más interés que el que puedan negociar la inocencia de un niño y la protección de unos padres. Yo no soy el vencimiento de un diagnóstico ni la antesala de una eterna prescripción facultativa, sino el efecto secundario de una sobredosis de indiferencia que un pequeño ángel puede remediar. Soy copa y raíz de un árbol genealógico tan grande como mi libre necesidad de amarte. Soy un folio repleto de líneas como firmamentos que se inclinan ante la magia de tu estrella. Y no soy un engendro, sino la viva ansia de engendrar en ti.

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