Renacimiento
Je suis au bout de ma vie
Ma tâche est finie
Je passe de ce monde á un autre
Mes prémonitions survivront
Prenez garde á mes paroles
Parce qu'elles adviendront
Le patrimoine que j'ai laissé
L'avenir de l'humanité
Sapere aude!
ir la llamada y percibir su trote. (¿Trotan los unicornios?). Lo más básico es el cansancio, no esperar nada, quedarte ahí, fuera del espacio. Usa el teclado hasta hacer música del plástico y convertirlo en piel; es más, te debería parecer que careces de dedos y manos. Hasta ese punto has de estar cansado para poder llamar al último unicornio. Desliza las letras, conviértelas en agua, que se te escapen (no sientas ira por ello: rabietas no), que lo escrito te parezca extraño y pa
ra otros. Date cuenta: se trata de la suave percusión que produce una llamada. Los repetidos golpes han de atraer y no ahuyentar: como si golpe y caricia debieran ir unidos libremente. ¡Golpe y caricia! La contradicción hecha carne en una sutil llamada sin deseo. Convierte esta pantalla en pergamino para que pueda tocarte el paraíso. El paraíso no es más que un arco iris sobre el que pasean los unicornios. Desde ese arco iris te ha de rozar el templado color del último unicornio que haya de pisar la tierra.
ir la llamada y percibir su trote. (¿Trotan los unicornios?). Lo más básico es el cansancio, no esperar nada, quedarte ahí, fuera del espacio. Usa el teclado hasta hacer música del plástico y convertirlo en piel; es más, te debería parecer que careces de dedos y manos. Hasta ese punto has de estar cansado para poder llamar al último unicornio. Desliza las letras, conviértelas en agua, que se te escapen (no sientas ira por ello: rabietas no), que lo escrito te parezca extraño y pa
ra otros. Date cuenta: se trata de la suave percusión que produce una llamada. Los repetidos golpes han de atraer y no ahuyentar: como si golpe y caricia debieran ir unidos libremente. ¡Golpe y caricia! La contradicción hecha carne en una sutil llamada sin deseo. Convierte esta pantalla en pergamino para que pueda tocarte el paraíso. El paraíso no es más que un arco iris sobre el que pasean los unicornios. Desde ese arco iris te ha de rozar el templado color del último unicornio que haya de pisar la tierra.