La Selva de Próspero
Sapere aude!
28.3.07
La fantasía, fuera. La realidad, también fuera. La distinción fantasía - realidad no está legitimada por un criterio universalmente válido.
Tras esta premisa, un cara a cara con lo que es.
Detrás de todo acto solidario, de todo "te quiero", de todo desprendimiento sólo hay egoísmo. La elevación de uno mismo -nada más-.
Detrás de Dios no hay nada a lo que se deba sacrificar nada. Y sin embargo yo he sacrificado en cada semana santa algo elevado en honor de la verdad. Y la verdad no es Dios; sino todo lo que se aleje de él y todo lo que tenga a orgullo alejarse de él -de él y de todo lo que represente la huella de algo que ha sido nocivo para la salud del hombre-. Por eso el silencio ha ocupado mis últimos abriles, porque debía sacrificar a la soledad víctimas divinas.
En cada procesión, tras cada imagen el resentimiento repta a dos patas y se declara elevado. Y muy pocos son los que pueden evitar esto (y muy pocos son los que pueden soportar la soledad de la verdad).
Todo proyecto, todo futuro, toda promesa... ¡Y sobre todo cualquier presente que se arrastra como sin promesa para adorar cualquier partícula de polvo prometida!... Todo eso es desvelado por el destino como lo roto, lo que abre una ruptura en lo contrario de la verdad: la esperanza. Y lo contrario de la esperanza, no es la desesperación. Y si lo es, lo es en el caso de que la desesperación se tome como lo verdaderamente elevado, lo verdaderamente digno -diría que como lo único real-.
Detrás de cada figura sagrada, ¿hay religión o arte? Alguien se preguntó esto hace tiempo. Respondió que, en cualquier caso, misterio. Con esa respuesta mi olfato se orientó hacia otros puntos cardinales. Porque no es bueno escupir contra el viento, por más que el viento sólo sea viento. Y muchos que se declaran ajenos a Dios, son tan anejos a él que difícilmente pueden ser anejos a mí. Y si esta misma noche muriera, no habría ni uno de esos que se dicen seguidores de Dios o, por lo menos, dubitativos de su existencia que no apuntara que yo habría muerto por mi sacrilegio. Pero mi muerte demostraría que el resentimiento de cada imaginero, de cada imaginación que flota en el más allá, sí es universal. Y ese resentimiento no iría dirigido a mí, sino a la soledad que nadie soporta y que la realidad es.
Y el destino golpea: soledad. Y el destino desmiente las esperanzas: soledad. Y lo que es no dejará de ser como es hasta que uno se desembarace del mal más universal: esperanza. Y la esperanza, ante los que buscan su verdad -y cuando su verdad es la verdad y la verdad es la inexistencia de verdad alguna-, ofrece señales como destinos. Y a la embriaguez de todo futuro, de toda promesa, de toda felicidad... opone la embriaguez de una ebriedad solitaria. En esos instantes Dios es más impotente, Dios es una castración que cicatriza.
Cuando inicié la tarde creí ver a Dios y a su profeta: la esperanza; pero mi aliado -el ocaso-, ha incendiado el castillo de naipes y en cada efeméride ha visto promesas divinas de felicidad y las ha incendiado por divinas. Y quien bien te quiere te hará llorar; y nadie me quiere más que el ocaso -y nadie me hace derramar más lágrimas rasgando velos-. Y mientras Cristo se hace fuerte en cada idiota, el ocaso idiotiza a Cristo y fuerza a la desesperación a los solitarios de verdad.
Si soy entendido, hay demasiado dolor en ese entendimiento. Si soy comprendido, hay demasiada debilidad en ese comprender. Si soy juzgado, en ese caso el juez ya ha sido juzgado con su juicio.
La hipocresía se le oculta al mismo hipócrita; por eso los hipócritas suelen ser solidarios y dulces. El cinismo es fuerte, los cínicos son solitarios: la dulzura es un cáncer para ellos. Por eso no necesitan callar, ni ser diplomáticos, ni ocultar: el verbo es para ellos tanto como el Verbo -palabra de Dios, palabra de lo que debe ser desterrado de la salud del hombre, palabra de la enfermedad-.
Y todo cae... pero no todo debe caer.
26.3.07
El fatalismo ruso. No dar pie al resentimiento. Dejar hacer, dejar, sólo dejar. Ser tal y como en Ecce Homo nos propuso Nietzsche. ¿Para qué gastar más energía cuando se está tan enfermo? Por mi parte, nieve y sueño.
25.3.07
Burla y Maldad: piernas de Mujer.
Cada castrado permanezca en cama...
Cada alucinado sufra en la oscuridad mientras la tarde se apaga...
Cada impotente diga "sí" y sonría como tonto impotente...
Que la hermosura viaje, se ilumine y, sobre todo, sobre todo... ¡que sea muy libre! Y libertad es "como yo digo, corazón; no como tú, mierda baldía, insinúes".
Que cuando el "mepongo mepongo" se endurezca, hunda como ariete las paredes (pero si estás alquilado, ¡cuidado con romper nada! Todo inquilino puede sufrir la justicia de Aznar-González Zapatero- Rajoy en sus cuernos).
Que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha (salvo cuando ambas "manipulen el estandarte del placer" -escrito así para albaceas de Dios-).
Cada hijo de puta adore a su madre.
Cada hijo de bastardo busque a su padre.
Cada ciudadano... cada ciudadano... (No se me ocurre qué atribuir a eso... diría "que se muera"; pero, ¿cómo desear la muerte a un muerto tan muerto?).
Cada trabajador al curro, al fuerza por espacio, a mover la neurona hasta el fin de semana y después sentirse "egregio". El trabajo no es un castigo; porque siempre se pueden tener hijos que rediman a uno, hijos a los que dar todo para que luego te recen bonitamente elevando los ojos al cielo. ¿Qué buscan los ojos en el cielo cuando rezan? ¿Cagaditas de golondrina? ¿Lluvia de "nomesperes"?
Cada latido... ¡que se pare! ¡Que la bastarda víscera se colapse! ¡Que eso que se mueve sin voluntad perezca! ¡Que los latidos la caguen!
Estoy llorando de rabia.. No... No lloro... Sólo estoy desquiciado por no poder vomitar. Al menos los bulímicos poseen el don; yo no tengo la gracia. Los kilos de comida se tornan palabras. ¿Apetece un steak tartare de verbos y corazón-corazón con alcaparras y cebolla picada?
Hay quien se humilla... Hay quien se siente humillado... Y hay quien humilla con delicados desprecios y con poses de "blancolánguido".
Una mirada bastaría para impactar en todo; pero las lágrimas la empañan.
Decidme:
¿Os desviviríais si supierais que aquello por lo que os matáis, una vez conseguido, se viniese abajo? ¿O si supierais que vais a ver aquello por lo que hincáis la cerviz desde el Monte Nebo, sin poder catar ni siquiera la gloria del esfuerzo? ¿Lo haríais? A eso se le llama hacer todo por nada, ser olmo y dar peras, dar todo el cuerpo menos el pie; crucificarse sin cruz ante la niebla.
No me quejo de que la vida pase; ni de que se pase sobre la vida. Me quejo de la fe ciega que daña y me quejo de la satisfacción que vulnera. Me quejo de la opulencia que pasa desapercibida bajo la forma de lo "normalito". Me quejo del movimiento disecado. Me quejo de todo "te adoro" que te apuñala en cada palabra y en cada silencio; incluso en cada beso y en cada exaltación.
Me quejo de lo efímero; y me quejo de que aquello que puede derrotar lo efímero sólo mueva a la fe y no a una mínima certeza.
Me quejo porque estoy hecho pedazos... como mi mente... como mi corazón... como la boca de mi estómago (el hígado colgó el cartel de "no hay billetes" hace mucho; pero lady retsina le hará los honores hasta el formol).
Y me quejo de este vodka con cápsula "Tranxitgloriamundi"por su sabor amargo cuando la cápsula se disuelve.
Y me quejo de estar encapsulado como accesorio levemente manipulable y totalmente prescindible.
Me quejo de ser envase que no se rompe hasta que el tic-tac deja de tictaquear.
Pero sé que la tarde...
Pero sé que la noche...
Pero sé que el olvido...
ya están aquí para llevarme
[Y cómo gustan los ojos de ver caído al que jamás pudo levantarse. Y cómo agarra cada mano tornada en garra esos versículos que elogian el desarrollo de los talentos. Y cómo todo acaba aburriendo hasta la saciedad. Y cómo en toda buena palabra, en todo buen acto, en toda buena conciencia no se esconde más que el ansia de pisar y pisar y pisar hasta que la suela del zapato absorba la carne de aquél al que se ha bonificado. Y cómo cada miserable esnifa la mierda como inhalante divinizador. Y cómo el tiempo pone la guadaña sobre la mesa y me hunde.]
La siesta del pobre es la inquina del rico.
A los ricos, ¡un festín! Sólo al final, después de los postres, la verdad sobre el plato ingerido: sus hijos aliñados como un buen venado.
A los de arriba: hay un sótano y siempre ha habido cuerpos en descomposición.
A los que yerguen fundamentos a la enésima potencia: ¡nadie debe cejar en sus convicciones! ¡Nadie!
A los que derriban torres de ajedrez: el ajedrez puede subsistir sin torres.
Y ahora a morir.
Contra los durmientes
La bonanza económica, el "mejor que antes" y poder disfrutar de lo que otros disfrutan no es "más"; puede incluso ser "menos". Igualarse es tanto como perder señas de identidad. Discrepar por método es igualarse. Sólo cuenta la rebelión y la sangre que ésta es capaz de hacer circular. Pero ahora el depósito de sangre para toda rebelión está vacío. Los rebeldes optan por suicidarse -hasta ese punto han perdido la fe en el bípedo dotado de lenguaje-. Si Dios pidiera a un Noé de nuestras días que encontrase a un rebelde para impedir el diluvio, supongo que se pondría a fabricar una nave decentita en algún astillero. ¡Ni replicaría! ¡No diría "esta boca es mía"! Al contrario, es posible que dijese a Yahvé: "¡Señor, esta vez has esperado lo indecible! Desde luego, eres paciente. O has tardado demasiado en reconocer que tu obra es una perfecta mierda, Señor. Pero al fin se ha encendido algo en esa mayúscula nada."
Pero, dejémonos de metáforas. Hablemos de la inmundicia del hombre sin recurrir a dioses o demonios que jamás han existido, salvo en el área fúnebre e irreal del cerebro. ¿Cuánto puede soportar un conjunto de números capaces de hablar? ¿Cuánto se puede prostituir y rebajar el lenguaje y el sentimiento de que uno es digno de algo? ¿Se puede prostituir más cuando todo se vuelve confortabilidad y mero "no dolor"? Si es así, aún nos quedan de cinco a cincuenta mil años para que esta excrecencia universal que es el hombre desaparezca y sea reemplazada por algo distinto y, por tanto, mejor. El criterio que dirime entre lo mejor o lo peor es tan solo la percepción, la simple percepción de las cosas. Y para percibir hace falta una mínima razón que hilvane esas percepciones.
Morir y dormir es lo mismo. Los durmientes están muertos. Ojalá algún día se percaten de ello.
Mi lucha
Sobre el 50 aniversario de la Unión Europea:
Donde antes se compraba todo a cien, ahora se compra todo a un euro; es decir, de todo a cien, a todo a 166,386 pesetas. El pueblo lo ha permitido, el pueblo no tiene ningún derecho a quejarse, el pueblo es cómplice y culpable. ¿Sanción contra el pueblo? En estos momentos ninguna es posible. Habría que inocularle razón y desesperación, dos cosas para las que jamás estuvo capacitado. El pueblo tiene una garganta grande (y más ahora, que se ha vuelto global y universal). Las quejas, eso sí, están canalizadas por lo que convierte al pueblo en chusma. Las prestaciones y las ayudas están canalizadas por lo que convierte al pueblo en lana de baja calidad. Toda solicitud y toda protesta está canalizada por lo que marca los designios del pueblo. Nunca el rebaño fue tan rebaño. Incluso un rebaño adocenado y sumiso sentiría náuseas ante tanta sumisión. Ha bastado el consumo para que todos hayan sido consumidos por un puñado de lentejas que ni siquiera han sido condimentadas para formar un guiso. ¡Pobre pueblo! ¡Pobres ovejas! ¿Cómo le fue tan fácil al lobo ser lobezno y así gobernar multitudes? ¿A eso ha contribuido el crear la ficción de que todos pueden expresarse? Desde luego, todos se expresan; pero ni uno de los que se expresan o creen hacerlo puede mover ni un hilo, ni un átomo de aquello que le va a oprimir tanto a él como a las futuras generaciones durante siglos.
24.3.07
Para los que le conocieron a uno (y para los que no)
La vida es partida perdida de antemano. Una mancha azul en el dedo corazón.
Las "últimas" palabras... los "últimos" no sé qué... ¡Cuánta necesidad de afecto! Pero una necesidad que, una vez colmada, no necesita más y se corrompe en su contrario.
¡Bueno, Robinson, vámonos!
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En el metro.
Una semana viene la gloria (sin calificativos) y a la semana siguiente estás donde todo termina.
Pero cuando muera no me enterrarán ahí. Es posible que no encuentren el cadáver. V. te presento a M.; M. te presento a V. ¿Hacia Puerta del Sur? ¿Hacia Carabanchel? Si ha de haber una segunda visita... mejor Puerta del Sur para saber.
No hay una muerte digna o una muerte indigna. ¿Qué merece el hombre que le sea debido? ¿A qué tiene derecho? ¿De qué es digno? ¿De qué se cree digno? Quizás -o seguramente- no sea lo mismo... Y cuando hablo de esto no recurro ya a otros autores ni a otros gargarismos. ¿Fueron esos otros escritores o figuras dignos de mi atención? Quizás se creyeron dignos de muchas cosas y sólo fueron acreedores de nada, porque la muerte les devolvió al lugar del que vinieron -la muerte y la naturaleza (sobre todo la naturaleza)-.
La dignidad es demasiado abstracta cuando se la saca de quicio. Sólo es digno lo que perdura o ayuda a perdurar realmente la naturaleza y la muerte. Sólo eso es digno. Y no porque yo lo diga, imagine o estime; sino porque los argumentos en contra han sido y serán falsados por lo que fulmina la finitud.
¿Una muerte digna? ¿Indigna? Solo la naturaleza es digna, porque tiene el poder de eliminar nuestras percepciones.
Se me entienda o no, ¿qué más da?
Oporto
Otra estación... otra arrancada... otra pérdida. Los viajeros leen a plazos, así, como sólo se puede leer bajo el suelo, enterrados en vida y transportados en vagones urbanos.
Vista Alegre
¡Vista alegre! Y tu mirada vivaracha, y tu pelo que nunca es para mí tu auténtico pelo; sino la máscara, el alimento para el sustituto, el camuflaje para cubrirte de la náusea que sientes ante mí.
Carabanchel
En mi infancia Carabanchel era lejano como un fin del mundo. Viajes y viajes para buscar un piso (mis padres). El tesón de mi madre, el dejarse llevar (gracias a Dios) de mi padre; y el final "feliz". "Feliz", y no feliz (así, sin comillas); porque al final esa dignidad que se buscaba se está derrumbando.
Aluche
La principal estación para ese Madrid que se ha expandido como un cáncer (sin morir por ello); y capaz de albergar millones y millones de células extrañas como mundos desatados. Aluche siempre ha olido a "viaje"; el viaje de los que no tienen ningún lugar apacible.
Empalme
Otra estación de infancia. Recuerdo de "me voy a quedar solo", tristeza; rumiar y rumiar huyendo de la soledad. ¡Ya ves! Huyendo de un cáncer que se expande (sin morir aún por ello).
Campamento
Fulgor hacia la tumba, rayo hacia lo extraño, vuelta hacia la noche. Ya no existe ni siquiera el recuerdo de lo que por imposible duele. El viaje hace su efecto principal: olvido y muerte; agonía y desaparición. Sin agobios... ¡tremendamente naturales! ("No te importa, ¿verdad?" Ecos que intentan desmentir). Subterráneo dolor.
Casa de Campo
Transbordo hacia Puerta del Sur
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Colonia Jardín
Expectante. Leo el panel de la línea 12. ¡Cuántas estaciones de lugares que no existían! Santa sea la expansión... Imitada sea por todas las edades. Ciudades dormitorio para la soledad; para que la soledad duerma enterrada y con el menor sufrimiento posible.
Aviación Española
Otra estación, niños y niños. Padres, niños; y los niños que preguntan: "Papá, mamá, ¿podré vivir de mayor sin vosotros?" "No preguntes esas cosas, Jesús; tú nunca estarás solo si piensas en tu cama: la cruz. Así que, vete a la cama, Jesús; a tu cama de cuatro abrazos."
Cuatro Vientos
Correspondencia con "Cercanías RENFE". "Correspondencia". Yo jamás fui correspondido. Mi intensidad era otra, mi resistencia otra, mi carga otra (una carga que ni yo mismo comprenderé ya jamás). Miedo.
Joaquín Vilumbrales
Ignoro quién fue este señor. Supongo que Google lo sabe. No tengo curiosidad. A mí la curiosidad me ha matado demasiadas veces y jamás he logrado que quede satisfecha. Llevo dentro una legión de gatos muertos por tanta curiosidad insaciable que jamás se cortado de preguntar.
Puerta del Sur
Transbordo
Andén 2
Hacia San Nicasio. Dicen que el cementerio pilla "bastante retirado". Los muertos (en vida o muertos) sí que están bastante retirados. Y sonrío. Sonrío serena y sencillamente por una muerte serena y sencilla.
Adiós Puerta del Sur. Mallas, medias negras... Sin impulsos.
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Una fecha, un nombre y dos apellidos, un cuartel, una fila y un número de tumba en el patio moderno. Cementerio Parroquial de San Salvador.
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Fin de la visita.
Una ciudad, un pueblo desierto bajo el bendito Sol de primavera.
Mi abuelo descansa. Es un cementerio amable. Desde ese punto todo se divisa. Supieron sepultar un sueño. Es un buen lugar.
Un instituto de formación, un instituto de enseñanza secundaria, un Maxi Dia... y el tanatorio. Todo junto. La muerte entre los vivos.
Y un bar cercano: Los Amigos.
Se come perfectamente.
Y ya todo está olvidado, como olvidado.
Ya nada.
Ya nada.
Soledad y silencio: día de la muerte.
D.E.P.
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No hay tristeza al otro lado. Sólo hay que ir al otro lado. Todo te lleva al otro lado.
Brindo.
Brindo.
Brindo por todo aquello que, sin creer tener dignidad, la tiene por el simple hecho de no creer en ella. Y, ¿de qué son dignos? ¿De qué? ¿Qué es lo que merecen los dignos? Un silencio de paz, un camino bajo el sol y sobre la inconsciencia. Merecen una cigarra a la que las avispas no molesten. ¿Por qué acabar con las avispas, si sólo cumplen con el placer de vivir volando? Las avispas tienen dignidad. Las avispas son la guardia de corps de las tumbas y, por ende, de los muertos. Si intentas profanar una tumba bajo este Sol de primavera, bajo este silencio, una legión de avispas creará en tu sangre eso que llamas "dignidad". ¡La dignidad! Y su hez: el "¿qué dirán?". Se ha paseado la dignidad entre mil procesiones y bajo toneladas de oraciones. ¡La dignidad! ¡El orgullo! (La peste de la tierra y de la sucesión: el cebo inexorable e incalificable de la naturaleza).
El hombre, con sus peculiaridades y excepciones incluidas, no puede tener dignidad.
Y quienes la han pretendido tener con más o menos acierto... ahí están... bajo lápidas grises... atestiguando... dando el testimonio del descanso de un búsqueda baldía. Quienes pretendieron dignidad, dejaron de vivir por una bandera. Pero no se puede equiparar la dignidad a una bandera. Las banderas ni siquiera llegan a valer el trapo que viste y soporta sus colores. Ninguna bandera es digna del entusiasmo que en ella depositan. Toda bandera es una ladrona de la vida, una ramera infectada por lo que se contamina por milenios. Ninguna bandera podrá contra la naturaleza de las cosas. Absolutamente ninguna. Y todo entusiasmo por esos trapos de polvo, tinta y barro perece pronto, se olvida pronto. Ni siquiera la falsa, hipócrita y senecta bandera de la "libertad de expresión" merece una mirada ebria o torcida.
Y todo suicidio por la cruz es como un suicidio por cada bandera. Y, sin embargo, el suicidio es el más digno acto (el único digno), que le ha sido dado al hombre. Un acto para ser actuado, no usado ni abusado por poses vermiformes.
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¡Oh, tú, tarde primavera!
¡Oh, tú, dorado Sol licuado en este cristal de orgullo!
Ahora sé que puedo morir feliz, erguido, respirando esta nada que no conoce fisura entre la verdad y la mentira.
¡Oh, tú, primavera para el olvido!
El camino largo no es largo; y toda bifurcación encamina a la desdicha de la libertad que sabe sin consuelo que va a morir.
Cada amigo me llena la copa de Sol. Y de lo que hace que el oscuro Sol amanezca: el alcohol, el néctar, la dicha: el supremo olvido de la mentira y de la arrogancia que todos escupen con un "te quiero" y con un "moriría por ti". ¡Oh, Hölderlin, bendito, amado y supremo! Amo la locura y amo la muerte contra todo juicio de científico pordiosero.
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La vuelta
No se logra olvidar del todo al principio del olvido.
Aún permanece la ternura, el tacto, la caricia: todo eso que una imagen religiosa aborta.
Todo eso que el abuelo desea para el nieto, pero que los padres castran a sangre podrida en hijos y en hijas.
Pero pronto desaparece. Queda lo absolutamente accesorio: amigos, protectores, pagadores y fantasmas. Estos últimos, especialmente, ayudan en la digestión de los afectos.
El fantasma de Jesús: ¿se ha testificado sobre este hecho? (Quien sigue a la mentira no puede seguirme a mí).
Recuerdo algún programa radiofónico. Una pareja se disolvía por cuestiones políticas. Él apoyaba la bandera etarra, ella la bandera española. Había un conflicto de mentiras aberrantes y se separaron.
Pero la religión no es una bandera. Y la ponzoña cristiana es menos que trapería y retal.
¡Cuánto daño en cada icono! ¡Y cuánto daño en lo que pretendía superar ese icono! ¡Cuánto daño en la imaginación!
Sobre el no:
Demasiado veneno.
¿Sabes lo que significa "la verdad"? No hay verdad y no hay mentira. Nadie puede llevarte allí donde tú no quieres ir. ¿Comprendes esto? Quiero que no lo olvides nunca.
Estoy triste, estoy amargado; estoy desilusionado. ¿Y qué? Aún quiero luchar por aquellos que me lean.
Intento no ser una mentira, ni un profeta. Solo quiero ser alguien tranquilo capaz de retornar a la infancia que no existió. ¿Me entiendes? ¿Eres capaz de entenderme?
Algún día comprenderás.
Que se debe luchar por un niño.
Que hay quien no ha dejado de ser un niño por mucho que crezca.
Que los hombres y las mujeres, entre los matices, son absolutamente iguales.
Que yo "preferiría no hacerlo".
Que las canciones distraen y te hunden o te elevan.
Que nadie quiere enterrarte como tus padres.
Te entierran con cariño.
Te entierran por tu bien.
Te entierran como sin saberlo.
Te entierran por los aires.
Te entierran, sobre todo, en vida.
En vida, sobre todo.
Es como una ley.
Una ley, ¿que no sirve para nada?
Gran Vía
El enterrador pierde su empleo. Todo se incinera.
Sol
Correspondencia con líneas; incomunicación con segmentos.
Entran, salen. Ella... como si no existiera lo que "no es digno" de existir.
Siempre tu dignidad...
Siempre una fe de pacotilla...
22.3.07
Extraído de mis servilletas de papel:
-Se pagaba con la vida el estar con ella; por eso era la reina de las hadas.
-Hacer el amor implica plena desnudez y plena fertilidad. Lo demás es follar, carne, ultramarinos de intratierra –y la cómoda felicidad de estos tiburones que pagan hipotecas y limpian pisos y hacen la siesta sobre látex perfumado-.
-Se creía Rimbaud, Verlaine, Baudelaire; Cortázar, Borges, Destouches y cualquier cosa lo suficientemente heresiarca como para plantar el chichi encima. Era la mujer barbuda de las disidencias, la desarraigada, la maltratada; la mandada a la mierda en mil idiomas, la vagabunda y la incinerada por deseos de todo a 0,60 euros. Así sólo podía disfrutar de los fines de semana que comienzan en lunes.
-Decía que no tengo corazón. No lo creo. Si no tuviese corazón, el primer día le hubiese dicho mi verdad. Y mi verdad contradiría todos los halagos con los que diplomáticamente mentí.
-Tengo que comprar unas barricas de Don Simón antes de ponerme a vagabundear en el otoño de la primavera.
-La calma del alcohol, la evasión del alcohol, el perfume del alcohol… El paraíso perdido del alcohol, la dicha y la ducha del alcohol, el irresistible alcohol; el sedante alcohol, el benefactor alcohol, el poético e invisible alcohol… El amoroso alcohol, el rancio e incruento alcohol, el autolítico… sí… el autolítico alcohol.
-Se pagaba con la vida el estar con ella; por eso era la reina de las hadas.
-Hacer el amor implica plena desnudez y plena fertilidad. Lo demás es follar, carne, ultramarinos de intratierra –y la cómoda felicidad de estos tiburones que pagan hipotecas y limpian pisos y hacen la siesta sobre látex perfumado-.
-Se creía Rimbaud, Verlaine, Baudelaire; Cortázar, Borges, Destouches y cualquier cosa lo suficientemente heresiarca como para plantar el chichi encima. Era la mujer barbuda de las disidencias, la desarraigada, la maltratada; la mandada a la mierda en mil idiomas, la vagabunda y la incinerada por deseos de todo a 0,60 euros. Así sólo podía disfrutar de los fines de semana que comienzan en lunes.
-Decía que no tengo corazón. No lo creo. Si no tuviese corazón, el primer día le hubiese dicho mi verdad. Y mi verdad contradiría todos los halagos con los que diplomáticamente mentí.
-Tengo que comprar unas barricas de Don Simón antes de ponerme a vagabundear en el otoño de la primavera.
-La calma del alcohol, la evasión del alcohol, el perfume del alcohol… El paraíso perdido del alcohol, la dicha y la ducha del alcohol, el irresistible alcohol; el sedante alcohol, el benefactor alcohol, el poético e invisible alcohol… El amoroso alcohol, el rancio e incruento alcohol, el autolítico… sí… el autolítico alcohol.
-Faltará la respiración y faltaría más que no fuese así en condición de mortal.
-"El que se pica ajos come", reza el adagio, el puto adagio (picado me veis, n'est-ce pas?). Pues me gusta el ajo, sí, me gusta; pero no me pico. ¡Al contrario! Me rasco sin picadura previa.
-Morirá papá, morirá mamá, morirá lo querido y lo odiado; resurgirá la nada y me acostaré temprano. Soy un cerdo con vocación de jamón serrano: ¡devoradme! (Comenzad por el centro o besando ese lugar en el que, dicen, amargan los pepinos).
-"Entre los médicos hay también mucho trastornado y mucho purista... Guárdate de ellos o te entierran". ¡Siempre pontificando, mi querido lord, siempre pontificando! "Tanto tienes, tanto vales. Y si no es así, demuéstramelo". Aún guardo esa espinita... no he podido demostrar lo contrario... ni yo, ni nadie que conozca.
-Pagamos por todo: por llamar, por vivir, por beber; por respirar, por sonreír, por follar... ¡Por todo! ¡Absolutamente por todo! Pagamos hasta por el placer de matar... ¡Dios mío! ¡Cerdo mío!
-Ella caminaba desnuda por la habitación... Siempre estaba desnuda... Desde la cabeza hasta los pies, ¡en bolas! Los muros, mientras, por dentro; como se decía antes: dentro por el calor (¿o por el miedo al calor?).
¡Ah! Mis servilletas de papel... No entro en ningún bar que carezca de ellas.
21.3.07
Esta soledad acompañada de agujas no engaña; me engaño yo. Mañana será igual... de vez en cuando habrá oasis... algún amanecer que otro... Y esta soledad, por supuesto.
¡Cómo engaña la puta naturaleza! ¡La puta naturaleza de las cosas!... El puto De rerum natura.
Pero no hay que hacerse mala sangre.
La bella agonía de la telemasturbación es el mejor sonido para este frío soplido del viento. Sopla, cariño; abre fuentes, pero no des la luz.
Cuando deseos, grietas de desierto; cuando caricias, ni una gota de entusiasmo. Gracias, Dios mío; tienes suerte de no existir para los que van a morir y que ni siquiera te saludan.
La realidad no está más adelante; ni lo que me importa una mierda está detrás.
Un azadón de tedio escarba circunvoluciones hastiadas. Si no se entiende esto podéis sentaros en el trono mediocridad y desarrollar el olfato del cerdo.
Velitas sobre la mesa (sin desenvolver, para el futuro, para cuando el para qué no recuerde ni lo que es un epitafio), comida para los cerdos y una biblia en la que sentirse y sobre la que sentarse. ¡Cuánta rabia! ¡Cuánto asco! ¡Cuánta impotencia! (Ríe, ríe; al menos tu risa me sabe a beso, porque si miras hacia atrás, hacia muy atrás... solo hay muertos. ¿No es verdad, risitas? ¿No es verdad?).
Hora de que las discotecas abran sus puertas y los coños sus labios de otoño. Aquí se viene a follar o a hacer de Rimbaud (tan puto lo uno como lo otro). Dentro de unos días, salario; después, otro plazo pagado -cada siglo más cerca el vencimiento de la hipoteca- (para los hipotecados, no para mí, que nací muerto).
¿Está usted contento de lo que ha sido, de lo que fue, de lo que hizo? A quien así pregunta no tendría el más mínimo pudor ni vergüenza en cortarle la cabeza y reír mientras balbucea espuma de sangre colgada de mi mano.
Las niñas quieren ser princesas, pero les falla el plié sobre el champiñón.
El culo de la botella tiene alma de maricón para mi lengua.
[El trono mediocridad, angelitos, el trono de los curritos que pagan y gozan y gozan y gozan como conejitos patinando sobre mierda y follando sobre hielo].
Se necesita resurrección.
Lactescente como un deseo, la noche caerá; pero el Sol no cantará victoria. [Eso, señores, es mayo].
Quien tiene heredad (hijos, nietos, familia) tiene gloria y se responde a muchas preguntas –a esas preguntas que gusta hacer, porque tienen respuestas, e incluso respuestas bonitas; pero no a esas preguntas que devoran como mancuspias-.
Se vende cáncer como pitillo, como vino, como inhalación de un tóxico recién inventado. Se vende fe. Se vende un pedacito de tarde que quepa en la noche. Se lentifican muertes y se ralentizan espantos.
Uso gafas para no ver y mi sordera es incurable. Suelo hablar de mí tanto como de la muerte (como se puede ver hablo de cosas inexistentes).
Creo en los santos (inexistentes) y creo en lo que no haya que creer. Me pueden hacer comulgar con ruedas de molino; con molinillos de café y con molinitos de viento: pero cuando yo quiera. Y he de decir que comulgo con poco (con la muerte y poco más, mi compañera).
El timbre del teléfono es un latido, dos latidos, tres latidos y un número natural infinito.
Dime, ¿vas a venir? Si me respondes afirmativamente, es posible que me asuste –o no-.
Es hora de un café. La hora del café siempre está antes, incluso mucho antes, que la hora de que los cabrones nos vayamos a la cama. “Teñó cabón, teñó aztado, teñó cabón” (los niños sí que saben cuando señalan con el dedo).
No negaré jamás mi condición de virginal cabrón. Me han puesto los cuernos antes de empezar… ¡siempre!... ¡absolutamente siempre!
Suelo degenerar conforme el dolor se genera.
“Déjame que te meta, cariño. Abre, por favor. Soy como un dios, soy redentor, soy calmante y alivioso; soy sin compromiso y, como tú, estoy dolido. Corneemos al viento, vida mía, soplemos entre pintura metalizada y polvo de insidia”.
Un coro infantil rompe a llorar, el alma se parte, las lágrimas ruedan y todo se olvida.
Lactescente como un deseo, la noche caerá; pero el Sol no cantará victoria. [Eso, señores, es mayo].
Quien tiene heredad (hijos, nietos, familia) tiene gloria y se responde a muchas preguntas –a esas preguntas que gusta hacer, porque tienen respuestas, e incluso respuestas bonitas; pero no a esas preguntas que devoran como mancuspias-.
Se vende cáncer como pitillo, como vino, como inhalación de un tóxico recién inventado. Se vende fe. Se vende un pedacito de tarde que quepa en la noche. Se lentifican muertes y se ralentizan espantos.
Uso gafas para no ver y mi sordera es incurable. Suelo hablar de mí tanto como de la muerte (como se puede ver hablo de cosas inexistentes).
Creo en los santos (inexistentes) y creo en lo que no haya que creer. Me pueden hacer comulgar con ruedas de molino; con molinillos de café y con molinitos de viento: pero cuando yo quiera. Y he de decir que comulgo con poco (con la muerte y poco más, mi compañera).
El timbre del teléfono es un latido, dos latidos, tres latidos y un número natural infinito.
Dime, ¿vas a venir? Si me respondes afirmativamente, es posible que me asuste –o no-.
Es hora de un café. La hora del café siempre está antes, incluso mucho antes, que la hora de que los cabrones nos vayamos a la cama. “Teñó cabón, teñó aztado, teñó cabón” (los niños sí que saben cuando señalan con el dedo).
No negaré jamás mi condición de virginal cabrón. Me han puesto los cuernos antes de empezar… ¡siempre!... ¡absolutamente siempre!
Suelo degenerar conforme el dolor se genera.
“Déjame que te meta, cariño. Abre, por favor. Soy como un dios, soy redentor, soy calmante y alivioso; soy sin compromiso y, como tú, estoy dolido. Corneemos al viento, vida mía, soplemos entre pintura metalizada y polvo de insidia”.
Un coro infantil rompe a llorar, el alma se parte, las lágrimas ruedan y todo se olvida.
Otra tarde. "Otra". Lo mismo es "lo mismo" y así. Nuevos discos, nuevos estrenos, nuevas ediciones; y así... así... como si. La radio con sus emisiones, la tele, los trapos sucios; los comentarios, las observaciones cultas: da igual -un lado y el otro no se diferencian demasiado: estar arriba o estar abajo-. Norma Duval, Jean Michel Jarre, Luis Eduardo Aute, Juan Ramón Jiménez; Marianne Faithfull, Julio Cortázar, los hijos de Norma en el ojo del huracán, Jimmy Giménez Arnau... Todo es igual. No verlo es vivir; verlo y saberlo, morir un poco más del hambre de la ignorancia que los dioses de barro necesitamos. Pero un enemigo oscuro y terrible llega con su triple "a" y la afasia, la apraxia y la agnosia ensayan un cortejo.
¡Qué extraña mierda de vida!
20.3.07
Quiero que sepas:
Que llegarán noches de verano enhiestas por la desesperación y el odio. Déjalas pasar y que te cubran. La inocencia está carcomida en un sótano del que jamás debimos salir -no volverá jamás ni en metáfora-.
Que aunque me conozcas y me ignores; que aunque me ames o me desprecies yo jamás he existido. No puedo existir al lado de lo que traiciona -y traición es lo que no se olvida-.
Que la libertad son ocho letras y la muerte más que un epitafio.
Que no me atrapará la costumbre ni la moda; porque mi ignorancia, gracias a Dios, es docta e infinita como lo eterno que no se ata a la decoración de los cobardes que se aferran a la vida en una muerte en vida.
Que mi etiqueta no es "primavera" ni "verano".
Que tu felicidad es una mirada atrás y no puedes disimularlo.
Que un pequeño pajarillo yace sobre la autovía de un sueño perdido; y yo no puedo reparar nada.
Que yo, amor mío, jamás podré ser sueño de nadie.
Que no hay "lucha continua" para mí, que busco la paz en la niebla.
Que cada vez hay menos veces en el encerado y que estoy terminando el castigo.
Que cada testamento es un puñado de letras ensangrentadas, asesinadas por "hay que vivir el día a día" -ese asesino de cualquier mirada al horizonte-.
Que me ha vaciado la "plenitud" de los otros, esa plenitud en la que crees a pies juntillas cada vez que aparentas negarla.
Que la rebeldía adocenada no es rebeldía, sino balido rebajado.
Que las agujas se clavan en la noche cuando estás ciego.
Que es la palabra la que se cuela en cada apellido de postín y que los apellidos no alcanzan nada sin la palabra: todo es la palabra -no cuenta ni importa a quién posea-.
Que sólo la palabra es digna y amable, porque se permite limpiar al hombre.
Que nada es más miserable que el hombre.
Que quien modula el aire no por ello tiene la gracia de la palabra.
Que el mar de la gracia no suele ser gracioso.
Que en cada atalaya espera la muerte tras la herida.
Que la rabia es grande.
Que la tristeza es mayor.
Que la alegría quedó en ninguna parte.
Que el amor... (sonríe, corazón, sonríe; y evita por educación la carcajada).
Que el miedo... (llora, corazón, llora; y evita por educación el suicidio).
Que rasgar y gozar y sufrir es un solo sentimiento.
Que la noche mata callando -¿quién despertará mañana? ¿Y con quién? ¿Con quién despertará la sombra de nuestros miedos?-.
Que el adiós está aquí como siempre estuvo, pero más indecoroso, explícito y frío: exhibicionista como un profanador de atardeceres. +
Me digo lo que está pasando. Antes de la primavera. Horas antes de la primavera.
Las pesadillas no se distinguen de la realidad ni de la fantasía. Los matices no existen. Si los hay, no se perciben. Sentir sólo sirve para que nada sirva. Así que, coge la botella, trinca el tubo de pastillas, arrambla con la jeringuilla y dale gusto al diablo. Al menos, entonado, creerás en algo que ya no da ni sueño y que tampoco despierta. Antes, con la Faithfull, uno podía pensar que el mañana estaba llamando; ahora sólo te queda un agujero sobre el que caer como el que cae en la cuenta de que es sólo una deuda.
Me he cansado de las palabras y de los juicios. No tengo ya ni fuerzas para detestar. Me importa todo tan poco que no siento ni indignación ni maravilla. La admiración para los pobres. Yo estoy por encima de la riqueza y de la pobreza, yo no existo; soy un paréntesis demasiado hinchado que se va a volatilizar. Cuento monedas de aire y las esparzo entre los niños que huyen de mí. Sé muy bien lo que no me espera y lo que me queda. Mi mayor consuelo: no hay nada que el cuerpo no resista. Y será un instante, siempre me dije que sería un instante. Todos sabemos que será un instante y queremos vivirlo de la mejor manera posible. Queremos "vivir" el instante de la muerte de la mejor manera posible. Ella siempre nos limitó; sin existir, nos limitó la muerte. Pero la primavera siempre abrió su coñito para hacernos creer inmortales. El coñito de la primavera, ¡es tan lindo! Pero la primavera también puede ser una colita tierna que, juguetona, hace olvidar a la Reina de los Olvidos. La colita y el coñito pasean sobre la dentera de la muerte. Las flores son sólo sexo que como una mosca de segundos contados revolotea sobre la huesuda nariz de la muerte.
Me partirá un rayo. ¿Y qué?
Buscadme ya junto a la muerte. Durante años perdiéndome, viéndome perdido, olvidando; buscando la fuerza para dejar de tener fuerzas. Y todo era fácil, demasiado cuesta abajo, como a tumba abierta. Es esto, sólo esto que os indico con un dedo momificado y un cerebro reseco. Lo que os quería decir era esto.
Busca un punto. Un punto espacio temporal. O sólo temporal. No necesitas más. Yo ya tengo mi aleph de andar por ultratumba.
Y antes de que dentro de cinco horas comience la primavera, mi anatema al Sol. El Sol será quemado en la hoguera por ofender y por manipular la nada. Arderá en esta hoguera que llaman "represión", pero que no es más que libertad bien entendida. En esta oscuridad, en la oscuridad, las cosas están mucho más claras.
Busca un punto. Un punto espacio temporal. O sólo temporal. No necesitas más. Yo ya tengo mi aleph de andar por ultratumba.
Y antes de que dentro de cinco horas comience la primavera, mi anatema al Sol. El Sol será quemado en la hoguera por ofender y por manipular la nada. Arderá en esta hoguera que llaman "represión", pero que no es más que libertad bien entendida. En esta oscuridad, en la oscuridad, las cosas están mucho más claras.
Que el tiempo no perdone lo que el hombre no haya perdonado. Y que el olvido arrase lo que los recuerdos antes no hubieran percibido. Que la preocupación que no hubiere precedido a cada ocupación se desvanezca. Que los problemas maten lo que no hubiese sido resuelto; que lo imaginario realice lo que no haya sido soñado. Que donde hubiere olvido, el olvido continúe; que donde desierto hubiere, el desierto siga creciendo. Y que el pasado pase hasta que haya presentado su futuro a cada origen. Lo que se hubiese dicho no está dicho ni por decir, sino por repetir.
Que lo feraz se esterilice y se convierta en agua de mayo para lo que no hubiere florecido entre talentos. Que cada informe muestre la ausencia del dato preciso y que la vida valga lo que un dato hubiese valido hace un millón de siglos. Que mi despedida se transforme en lo que nadie haya imaginado, en lo que nadie haya podido imaginar ni concebir, en barbecho de esperanza que anuncie lo que nadie se hubiese atrevido a denunciar. Y que donde hubiera haber, nada hubiese habido. Y que donde hubiese ser, nada hubiese sido. Y que donde hubiera o hubiese, nada hubiera ni hubiese sido. Porque fuera lo que fuese, no hay nada que merezca del ser ni el parecido.
En cada "hubiera" no había nada que mereciera la pena. Lo deseara o no, me lo propusiera o no; nada de lo que se presentara ante mis ojos hubiese tenido la consistencia de un "hay" o de un "hubiera". Para llegar a este punto muchos desiertos hubieron de ser cruzados. Lo que cada cual haya pretendido en su barquito velero, lo que cada quien haya soñado en su flotador de arena no me ha garantizado jamás que el río de la vida desemboque en la victoria de la batalla ante el imaginario enemigo del tiempo. De ahí que me acompleje ante lo que haya de suceder. De ahí que nada fuese ni sea como yo quisiera que fuese. Pero nada importa. La conclusión es clara:
Que refulja el filo de la espada que ahogue el balido que ensordece los oídos del pastor. Y donde hubiere mentira, surja la verdad del silencio. Haya paz para que los muertos descansen, haya silencio para que los vivos escuchen; haya penumbra donde la luz alumbre cegadora. Que todo cese para que el adiós deje de esconderse. Que el subjetivo "yo el primero" se desmorone y, una vez haya caído, sea lo que Dios quiera o fuere lo que Dios quisiere. El que me haya oído, que me escuche; el que me hubiera escuchado, que me odie. Y sobre todo, todos, que me amen.
11.3.07
En la cruz y en el desierto
Solo otra vez
Sin voces bajo el Sol
Solo la última vez
Aturdido, no por ti, no por nadie, sino por el único que riega esta repetición de ausencias.
Sin fuerzas para amar, sin fuerzas para odiar; pero detestando al Sol.
Se va el invierno: la última ausencia bajo pactum.
De nuevo las noches, pero diferentes: sin nadie, esperando, aislado. "Preferiría no hacerlo" en la puerta. Sin vergüenza, sin principios, sin escrúpulos -sin compasion ni sentimientos-.
Ni una palabra amable.
Ni un conocido.
Pero coherente esta vez, como un corolario y como una consecuencia -pero sin principio de razón suficiente que me ampare ni me explique-.
Solo otra vez.
Solo otra vez.
El círculo vacío e impenetrable, acusador para lo externo.
Todo cambia y cambiando permanece igual.
9.3.07
No debe importarte nada.
Si las cosas caen, ¡que caigan!
Uno debe mostrarse fuerte a veces
Uno debe dejar de ser payaso a veces
Uno debe pisar la cabeza al águila a veces
O dar por culo al orgullo (sin metáforas que valgan)
Esto no es una puta poesía
Esto no es una puta oración
Esto es la puta verdad siempre
Uno debe sanar y renunciar a lo que le esclaviza
Uno debe reventar
Como revienta el Sol
Y el Sol os juro que revienta
La soledad es dura
Pero más dura es la convivencia que calienta la polla con zanahorias
Esto estalla
Esto está ya
Y ahora tú... Definitivamente último por última vez
8.3.07
(Dando palmas)
-¡Camarero! ¡Camarero!...
-Dígame señora.
-Por favor, póngame otras tres birras. ¡Ah! De aperitivo y por eso de acompañar traiga un bufón, un sucedáneo de emperador y una toalla para empapelar... ¡Poco hechos -pero tampoco contrahechos-! Jajajaja. Jajajaja.
(Para sus adentros)
-¡Me encaaaanta ser mujerrr! Sencillamente, ¡me encaaaanta! ¡Es tan dulce sufrir tannnto!
-¡Camarero! ¡Camarero!...
-Dígame señora.
-Por favor, póngame otras tres birras. ¡Ah! De aperitivo y por eso de acompañar traiga un bufón, un sucedáneo de emperador y una toalla para empapelar... ¡Poco hechos -pero tampoco contrahechos-! Jajajaja. Jajajaja.
(Para sus adentros)
-¡Me encaaaanta ser mujerrr! Sencillamente, ¡me encaaaanta! ¡Es tan dulce sufrir tannnto!
[Extraído de un día de agosto de esta selva]
El día de la mujer. Hoy es el día de la mujer.
Cada vez escucho más eso de que la mujer debe reservar mucho amor que no da a sus familiares o a su pareja para depositarlo en el hijo. Cada vez escucho más hablar a Schopenhauer con voz aflautada.
Venga, Satriani; ¡vámonos a la cama! ¿Me acompañas? Son casi las diez. Hoy me apetece que toques algo como Tears in the Rain. Es hora de que los cabrones nos vayamos a la cama y hoy me duelen las astas. (La regla, seguramente; esa regla que obliga a vivir porque no hay lo que debería de haber para acabar con todas las reglas).
Buenas noches.
Y nada es igual.
Y todo es lo mismo.
Hay que nadar y andar, sentir y resentir las cosas.
Todo se pierde.
Todo se pierde.
Adiós, padres; adiós, abuelos.... Adiós, mundo entero.
Yo, el ocaso, fulminante y regio, dispongo:
De la vida de los orfebres de medianoche.
De cobijo para glandes martirizados.
De "¡no, hoy no, por favor, no!", sin reproches.
De la vida.
De las heridas.
Del bálsamo.
Yo, el ocaso, fulminante y regio, marchito, sabiéndome borracho y martirizado, dispongo:
De fuerza para pasar de quien me compadezca.
De debilidad para solicitar ayuda.
De fuerza para aparentarme omnipotente y acabar siéndolo.
De mansedumbre para gobernar la tierra.
De libertad para donarla al mundo.
De pobreza para mutilar mis ansias.
De pasión para igualarme a Cristo.
De náuseas para vomitar contigo.
De ínfulas para ensoberbecerme contigo.
De soledad para morir contigo y, sobre todo, sin ti.
De lamentos para igualarte.
De lamentos para sobrepasarte.
De una copa en la que derramarme, porque tú no te derramas.
De una crátera para ahogarme, porque tú eres mil desiertos entre dos ojos.
De un río de lava y de hielo, porque pisando sobre ti se reseca todo hasta la indolencia.
Y tú eres el hombre.
Y yo, el ocaso, regio, realmente regio y sobrepasando mi propia luz y mi tiniebla, dispongo:
Que bailéis sobre todo baile.
Que marquéis el paso para aventajar al día.
Que sentéis las posaderas sobre el oropel del granito.
Que viajéis sobre lo que os ancla.
Que dejéis a quienes os atan con fuerza de sangre.
Que dejéis a quienes os atan con fuerza de amor.
Que dejéis a quienes os encaminan tras la zanahoria "no hay soledad y te quiero, vida mía".
Que dejéis a quien os siga.
Que dejéis a quien queráis seguir.
Y que seáis aquello que os sobrepasa.
Yo, el ocaso:
Ignoro.
Me pongo.
Me opongo.
Juego a ser mayor con los niños.
Juego a ser niño con los mayores.
Juego a morir con la vida.
Juego a vivir con la muerte.
Me encaramo a los sótanos.
Me encaramo a los suburbios.
Y soy cínico frente a los hipócritas.
Y me desangro.
Yo, el ocaso ebrio y anciano, dispongo:
Que no dispongo de nada.
Que nadie disponga.
Y que Dios proponga.
-Y Dios propone matando-
-Y Dios propone ignorando-
-Y Dios propone más allá de la razón-
Yo, el ocaso, estoy harto de descender escaleras, de humillar, de ser payaso.
Yo, el ocaso, puedo dejar de iluminar y de oscurecer.
Yo, el ocaso, puedo callar y no callo; puedo silenciar y no silencio.
Yo, el ocaso, soy mar perdido, letra podrida, letra oculta; hablar de niños ciegos.
Yo, el ocaso, soy el violín tras la serpiente.
Yo, el ocaso, soy la serpiente.
Yo, el ocaso, puedo desaparecer tras la niebla y tras el fuego.
Yo, ebrio sol de la lascivia vespertina que se levanta contra la falsa inocencia de quienes se dicen humillados y ofendidos, dispongo:
Que se corte las venas el que ame desconsolado el pasado.
Que los que quieren novedad en cada rayo, se aburran.
Que los aburridos resuciten.
Que lo que alardea se vuelva verde.
Que todo florezca en el desierto para morir mañana.
Que todo sea igualmente distinto.
Yo, el ocaso, dispongo...
de una raya en el monitor que indica que el corazón está muerto
(¡... qué tímido es el ocaso... ! ¡... qué silentes los reproches...! ¡... qué sucio todo... !)
Lo que sale del violín es una pequeña serpiente que te gusta... me gusta... y me gusta la tarde que se apaga y que se muere. Me gusta ver el ocaso, ver el Sol del ocaso.
Sólo la tarde del miércoles 14 de noviembre del 2001 vi un ocaso pleno. (¡Todo estaba tan claro! ¡Tan instantáneo! ¡Tan mortal!... Nada lo ha superado... ). Por eso ningún "después" es después de nada. Y le pasa a todos aquellos a quienes he conocido: tras un momento en su vida de gran placer o gran dolor, todo lo demás es arrastrar. No hay palabra de desprecio o de cariño, ni siquiera un gesto, que no esté diciendo lo poco que todo vale frente a lo que se perdió.
En esta carretera todo va demasiado rápido ya. Las ruedas van solas, los zapatos caminan solos a velocidad endiablada -como en aquel cuento que no recuerdo-; y todo se acelera. Pero el violín es el instrumento que mejor toca el diablo y sus notas tienen la forma de una serpiente. Ya no me dan miedo las serpientes. Ni su ser ni su veneno me atemorizan. Nada que suponga conocer la muerte puede darme miedo.
Gracias a aquél que me dijo: "Cuando estés sano, cuando te abandonen los miedos, cuando te vea feliz y pleno... sólo entonces... habrá miedo en tu caso de que abandones todo, de que acabes todo -como esos psicoanalistas suicidas que pretendieron, lúcidamente y sin pastillas, conocerse a sí mismos-. Pero ahora hay demasiado miedo, demasiada angustia, demasiado temor como para preocuparse por nada. Tu masturbación perdiendo trenes continúa; pero quizás algún día... quizás algún día... te vea pleno y feliz. Entonces, y sólo entonces, temeré que des la patada a esa nada que se aferra a ti."
Gracias, porque esta tarde cualquiera podría verme feliz tras los violines. Incluso tú, amigo; incluso tú.
(Me llaman. ¿Será el ocaso?)
Antes escribíamos como antes. Ahora no escribimos. Pulsamos el teclado como quien tamborilea sus nervios sobre la mesa (o ataúd) de madera. Pero tamborilear no es escribir; hay que coger la pluma, mojarla en tinta y sudar lo que recubren los cuernos.
Luego, si todo va bien, se puede concursar y ganar, vencer, decir a otros: "¡Yo sí que sé escribir y no vosotros, juntaletras!" (Porque en cada concurso sólo juega la vanidad -y todo es vano-).
Así juego yo: a perder.
Como en El lado oscuro del corazón, acabaré dedicándome a disparar versos sin que me importe la muerte. De momento sólo necesito dinero para retirarme de madrugar para nada. Después, obtenido ese dinero que la suerte me dé, tocará realizarse como persona. Lo necesito (el dinero y realizarme como persona).
¿He de decir a las claras y sin rodeos que no tengo un duro y que sólo sé vagabundear por estas enredadas tinieblas?
6.3.07
Y retornará algo, por más que Dios no necesita redimir sus actos.
Por ti se hace ahora el silencio de la muerte que no existe; porque en otros cuerpos y en otras almas nos encontraremos. Ahora no hay tiempo para todo lo que querríamos sentir.
Una etapa es lo que se ha vivido -una etapa de dolor-; y las despedidas no son para siempre. Sólo el amor y el odio son para siempre.
Siempre vas buscando al mismo en cada presencia.
Llueve y cada gota es un alma. "No me dejes"... "no me dejes"... Ya no existe ese eco.
Στη προηγούμενη ζωή μου είχα φτάσει να σ'αγαπήσω, να σε νιώσω, να σε βρω κι ύστερα απ'αυτό με είχες καταδικάσει ως την επόμενη ζωή να σ' αγαπώ.
Γι'αυτό κι εγώ ξαναγεννήθηκα μικρό μου τι σημασία έχει από'δω κι εμπρός αν θα'σαι εσύ που θα ορίζεις τ' όνειρο μου ή θα'ναι η μοίρα χωριστά του καθενός.
Ψυχές και σώματα στο χρόνο γερνάνε αλλάζουν ονόματα και πάλι απ'την αρχή...
Η μοίρα τώρα από κοντά σου δεν με παίρνει τίποτα δε νικάει πια το παρελθόν κι όλο μια άγνωστη φωνή με γυροφέρνει μου λεει τα μάτια μη σηκώνεις απ'αυτόν.
Αυτός ο άνθρωπος θα σε καταδιώκει σαν ενοχή που δεν ξεπλήρωσες ποτέ κι αν στην επόμενη ζωή του πεις το όχι πάλι μπροστά σου θα τον βρεις θέλεις δε θες.
Γι'αυτό κι εγώ ξαναγεννήθηκα μικρό μου τι σημασία έχει από'δω κι εμπρός αν θα'σαι εσύ που θα ορίζεις τ' όνειρο μου ή θα'ναι η μοίρα χωριστά του καθενός.
Ψυχές και σώματα στο χρόνο γερνάνε αλλάζουν ονόματα και πάλι απ'την αρχή...
Η μοίρα τώρα από κοντά σου δεν με παίρνει τίποτα δε νικάει πια το παρελθόν κι όλο μια άγνωστη φωνή με γυροφέρνει μου λεει τα μάτια μη σηκώνεις απ'αυτόν.
Αυτός ο άνθρωπος θα σε καταδιώκει σαν ενοχή που δεν ξεπλήρωσες ποτέ κι αν στην επόμενη ζωή του πεις το όχι πάλι μπροστά σου θα τον βρεις θέλεις δε θες.
BODIES AND SOULS
In my previous life I had managed
to love you, feel you, follow your way
and found myself being sentenced
to love you in a next life again.
That’s why I’m born to live once again
from now on I won’t care
whether it’s you guiding my dreams
whether it’s all a game
of my fate or your fate.
Bodies and souls
turn and return within the flame of time
they change names
and start the same game.
Fate cannot keep us apart
nothing can now defeat our past
and there’s this strange voice in my mind
telling me not to take my eyes off you.
This is the man, the one who’ll haunt you
like a guilty loan you still owe
And even if you deny him in this life
he’ll be waiting for you round the corner
of your next life.
5.3.07

He conocido cerebros culturalizados y me los he bebido. El precio a pagar: creían en el corazón en forma de prensa o telebasura. Es decir, carecían de corazón. Por eso me ha hecho llorar más La Edad de Hielo que un polvo en la hoguera. Y es mejor llorar de risa que de pérdidas o perdidas.
Y ahora me voy a ver Aquí Hay Tomate. Me puede la mierda.
4.3.07
Han pasado dos años.
Todos mueren. El hombre es mortal.
Conclusión:
No creo en la poesía.
No creo en la noche.
No creo en los días.
Me robaron lo que no tenía.
Me robaron.
Y ahora
Y después
Y nunca
Y cómo callan...
Y cómo se va todo hacia la noche y el poniente...
Y cómo se va todo bajo el frío...
Y cómo arde todo bajo un sol que no veré...
Todos mueren. El hombre es mortal.
Conclusión:
No creo en la poesía.
No creo en la noche.
No creo en los días.
Me robaron lo que no tenía.
Me robaron.
Y ahora
Y después
Y nunca
Y cómo callan...
Y cómo se va todo hacia la noche y el poniente...
Y cómo se va todo bajo el frío...
Y cómo arde todo bajo un sol que no veré...
Porque tú me haces fuerte
Porque tú me lo das todo
Porque tú sabes que me voy sin nada
Porque tú sabes que yo lo fui todo
Y tú no sabes más que lo que queremos saber quienes no sabemos nada
Y quisiera construir un mundo tranquilo con pocas cosas; pero antes de construir es muy necesario derribar y destruir y quemar y sembrar una nueva muerte.
Los sueños están hechos de silbidos y de lo que la tristeza nos va mostrando a cada momento. Ya no soy rápido; pero a cambio nada es agobiante porque la respuesta es clara. Todo es tan claro que se puede decir que el niño ha muerto junto al hombre y que bajo el ciprés no hay sombra.
El calor de la tarde, el frío de la noche, las nubes de la ignorancia y del olvido; las flores que se marchitan, la autovía que quema los sueños. Y todo manejado bajo las ruedas de la intransigencia que todo lo desvela.
Rápido, amor mío.
Rápido, que nos dicen que todo se acaba.
Rápido como las estrellas centrifugadas por nuestros desprecios a la madrugada.
Rápidos como un vuelo que sólo regenera muertes.
Rápidos como un tú y yo que se ha engañado desde el inicio por no contar con el tiempo.
Rápidos como un "ya no nos vemos más que cuando sea necesario como la muerte". Por eso, nos veremos en los cementerios de madrugada, después de que hayas llorado a otros muertos más benéficos para el alma y para el corazón.
Que yo te conozco, mi cielo.
Que yo te conozco, mi vida.
Que yo te conozco, serenidad de mi nostalgia muerta bajo la tempestad.
Que yo te conozco cuando los corazones hablan de maldad, silencio y alturas de desprecio.
Que yo te conozco como jamás te conoció ninguna reina de la luz y ninguna reina de las sombras.
Y no hay vírgenes en Barcelona.
Y no llueve en Cádiz.
Y el calor asfixia en Murcia.
Y en Tenerife todo fluye.
Y donde imagina el amor vestido de todo lo que lo mata los monumentos hablan.
Y rasgo...
Y rasgo...
Y rasgo...
Tan rápido que no puedes admirar ni decir nada; sólo tú, sólo yo, solos tú y yo como una andanada que va a morir entre las sombras del día.
Tan rápidos como el hastío.
Dicen que una momia silenció sus labios con arpegios de vaselina y notas crasas que olían a rosa muerta. Pero no hay momias en la selva; jamás las hubo.
Lianas de letras y ocasos: eso es la selva.
Nadie vuelve de donde ha visto ponerse el Sol. Y no puedo volver. Hay quien en vez de volver resucita -es decir, se consuela-. Y a mí me han crecido alas en medio de la nada para transmitirla a quienes creen en el cadáver del hombre.
Huele a vida aquí donde los reyes no tienen tumba. Huele a vida aquí donde el semen se derrama a raudales sobre vientres estériles. Huele a vida aquí donde sólo llueve la castración de la vida.
Dios te ama, el presidente te ama; y mamá te llama para que le lleves magdalenas al pie de la tumba donde no crecen flores.
Y todo rasga...
Y todo escuece...
Puedes subir a la montaña y ser misericordioso o misericordiosa con los pordioseros que piden de beber el agua de la vida y el hierro de la nostalgia; pero a veces no se sube con los pies ni con el cansancio de las alas.
Tú y yo sabemos cosas que no podemos contar.
Tú y yo hemos vivido instantes supremamente inolvidables, que antes de nacer ya han caído en el olvido; eso nos hace hipócritas y cínicos como canallas que deben respetar la ley.
Recuerdo cuando esperabas que yo cayera muerto para anotarme en la pizarra. Recuerdo cuando me velabas y alegabas y alegabas y alegabas como alega el insomnio. Recuerdo cuando me llorabas con la inexpresividad funeraria de quien asiste a todos los funerales para no tener que velarse un día. Y me dijiste "hola, mi amor, mi amor, mi amor"; y yo te respondía con úlceras en los labios.
¡Venga! Pelillos a la mar y nomeolvides al criptograma de la selva. Somos responsables y dignos y sabemos lo que queremos, lo que no tenemos y la Biblia en castellano antiguo o en verso.
Abastecidos quedan los cabrones de la tierra con sus astas quebradas.
El que no sepa vivir la bebida o beber la vida queda anatemizado y anatematizado por un aluvión de máximas morales insobornables y dispersas. Hay cuerpos que son centones de lamentos. Hay almas que ni son.
Hora...
Hora...
Hora de que los cabrones nos vayamos a la cama.
El agua baja por las escaleras; pero no es agua. El niño se ha orinado de miedo y está quemando los peldaños con el fuego de su dolor.
Y estos dedos están coordinados para llorar y llorar mientras la niebla sea niebla. Y está nublado en occidente y mañana no amanecerá allí donde nada alienta.
Y el niño Jesús sigue mojando los pañales cuando contempla la fiesta. Vivimos al lado de la fiesta, infatigables y férreos como vírgenes abusadas por la necesidad de mil hombres.
¡Ah, la pérfida y maligna virginidad que todo lo corrompe!
He cogido de los cabellos al día y he montado sobre el unicornio de la tarde. Ya no me queda nada. Todo rehusado, quemado, acabado; hecho cenizas y polvo. ¡Cómo me he arrastrado hasta las naves para encontrar sólo un desierto!
No creo en la alegría.
No creo en la mañana.
No creo en nada.
Me venzo.
Me vencen.
Y las mañanitas cantan.
Y en cada santa hay una gladiadora sobre la arena de cada "te quiero".
Aquí se zurcen sudarios.
Aquí se mata.
Aquí me muero
